"En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui Pen, opta -simultáneamente- por todas..."

viernes, 30 de diciembre de 2011

El recuerdo de aquella predicción

de la película Poetry de Lee Chang-dong
"A. recuerda un momento de su infancia (a los trece o catorce años). Caminaba sin rumbo una tarde de noviembre con su amigo D. No sucedió nada, pero ambos, en el mismo momento, intuyeron la infinidad de posibilidades que les aguardaban. O quizá podría decirse que lo que sucedió fue que tomaron conciencia de esas posibilidades.
Mientras caminaban en medio del aire gris y frío de la tarde, A. se detuvo de repente.
—Dentro de un año a partir de hoy —le anunció a su amigo— nos sucederá algo extraordinario, algo que cambiará nuestras vidas para siempre.
Pasó el año y el día señalado no ocurrió nada extraordinario.
—No importa —le explicó A. a D.—, sucederá dentro de otro año.
Pero pasó el segundo año y tampoco ocurrió nada. Sin embargo, A. y D. no se desanimaron. Durante todos los años del bachillerato siguieron conmemorando aquel día, no con una ceremonia, sino simplemente mencionándolo. Se encontraban en los pasillos del colegio, por ejemplo, y se decían:
—El sábado es el día.
No es que esperaran que sucediera un milagro, sino algo más extraño; con el paso del tiempo, ambos se habían apegado al recuerdo de aquella predicción.
Descubrió que también el futuro temerario, el misterio de lo que aún no ha ocurrido podía guardarse en la memoria. Y a veces tiene la sensación de que lo verdaderamente extraordinario era la ciega profecía adolescente de veinte años antes, el mismo presagio de lo extraordinario; su mente arrojándose feliz hacia lo desconocido. Lo cierto es que han pasado muchos años y todavía hoy, a finales de noviembre, se sorprende recordando aquel día.”
Paul Auster: La invención de la soledad.

Hay un extraordinario libro de Roland Barthes que habla de los códigos (y de la inutilidad de los códigos) a través de los cuales pasa nuestra subjetividad a medida que lee, y dice algo así como que hay momentos en los que uno, cuando está leyendo, inevitablemente levanta la vista del texto: se separa, se extraña, se siente arrobado o incomodado, y de pronto está ahí, queriendo decir algo que no sabe muy bien dónde volcar o dónde guardar… Y entonces, subraya, cuelga una frase en el margen, busca un papel y un lápiz o el procesador de textos que esté más a mano en alguna pantalla del orbe… Lo cierto es que después de ese rapto, de ese melodioso o furioso vuelo de la mente,  algo ha cambiado, y cuando regresamos al libro, ya no somos los mismos…
Leí esta novela de Paul Auster hace ya algunos años, pero el sábado pasado, cuando en Marca de radio, Eduardo Aliverti leyó al aire este pequeño fragmento (1), sentí que lo leía/ escuchaba por primera vez. ¡Y es que a veces las lecturas se dejan oír tanto mejor que cuando sólo están ahí para nosotros…! La voz de Aliverti hizo que levantara la vista del texto muchos años después de haber intuido que algo había en ese libro que se me estaba escapando. Tal vez se me estaba escapando precisamente para que alguna futura mañana de sábado, la voz de Aliverti me lo devolviera nuevo para que levantara la vista ahora y acá.
No hay peor tragedia que tomar conciencia de la infinidad de posibilidades que nos aguardan, nada más trágico que elegir un solo sendero del jardín: “En todos mis posibles late la imposibilidad.”, dice Feinmann que dice Heiddegger… Por eso, A. expresa el deseo de lo extraordinario: porque algo más tiene que haber que la insoportable estupidez de tener que elegir… Por eso también hace mucho más que expresarlo: al nombrarlo, lo materializa, lo construye, le da cuerpo y le da categoría de predicción, de “verdad revelada"...
Algo extraordinario, algo que cambiará la vida para siempre…  De eso se trata: decir el deseo, gritarlo, patearlo hacia adelante, nombrarlo sin ceremonias ni ritos, “simplemente mencionándolo”, porque mencionándolo, lo existo.
El recuerdo de aquella predicción es el recuerdo de la construcción de la esperanza por la esperanza misma, del deseo por el deseo mismo… Y qué otra cosa es el futuro que el hecho de arrojarnos año tras año a lo desconocido…
 El futuro será temerario o no será, será misterioso o no será, se guardará en la memoria o no vendrá. Tal vez la realización del deseo no sea otra cosa que su construcción, el recuerdo de la predicción de ese hecho extraordinario que algún día vendrá. O no. Después de todo, si viene o no es lo que menos importa...

Que este 2012 los encuentre recordando "aquella" predicción y construyendo nuevas para ser recordadas en algunos de los nuevos futuros, una y otra vez...
Hasta la próxima. 

(1) Pueden escuchar el fragmento de Paul Auster en la voz de Eduardo Aliverti en www.marcaderadio.com.ar (programa del 24 de diciembre de 2011, en la franja que va de 12 a 13 del mediodía) 

jueves, 11 de agosto de 2011

La lógica del medio pelo o aprender a dudar

He visto en esta semana en uno o dos muros de Facebook un mensaje que apesta por su salvajismo pero que apesta más por la estupidez de su lógica:

"SI QUERES TENER MUCHOS HIJOS BUENISIMO... PORQUE EL GOBIERNO Te regala $180 por chico.
HUYY... NO TENES EN DONDE VIVIR?? NO HAY DRAMA... EL GOBIERNO TE REGALA UN LOTE.. Y CON LA CASITA YA LISTA PA VIVIR..NO TE GUSTA TRABAJAR? NO HAY NINGUN PROBLEMA... Te dan algún plan de subsistencia a cambio de un voto. AHORA SI QUERÉS PROBAR CON ESTUDIAR, TRABAJAR, PRODUCIR, EL GOBIERNO TE SUBE LOS IMPUESTOS PARA PAGAR LO ANTERIOR"

Mi amigo, el poeta Heriberto Berón, me comentó hace poco a propósito de una conversación en torno a las políticas sociales: "El votante de derechas es darwiniano, cree que todo radica en el esfuerzo personal y que los receptores de esas políticas sociales "no han sabido o no han querido" superar sus carencias... Así de egoísta y así de perverso es el razonamiento. El hombre es gregario, la solidaridad no es que sea necesaria, es imprescindible." 
Obviamente, adhiero a cada una de estas palabras y agrego, además, la hipocresía de este tipo de pensamiento que cree que cuando al "votante de derechas" las cosas le salen mal, la culpa es siempre del gobierno de turno pero que, cuando las cosas le salen bien, la razón reside pura y exclusivamente en su "enorme capacidad" para ganar más y más dinero. Y es por esa "lógica perversa" que se ofenden cuando el Estado les "roba" a través de los impuestos, a ELLOS que se han sacrificado toda la vida para tener sus autos y sus casas de fin de semana y su pequeño barquito, ése que ahora tendrán que poner a nombre de la hija o de la sobrina para evadir tan política y correctamente sus tan injustas obligaciones. Esto no estaría tan mal si el gobierno utilizara SU dinero para mejorar las veredas o las autopistas o para enrejar las plazas, pero no, el gobierno utiliza SU dinero para asegurar la "subsistencia" de los pobres. Me pregunto cuál es la función de un gobierno (y no estoy diciendo que éste lo haga) sino garantizar la subsistencia de sus ciudadanos. 
Y ni hablar de las netbooks (se olvidaron de nombrarlas en este tan inteligente mensaje) que ahora tienen miles de "negritos" de esos a los que se les "regala" la casa gracias al dinero de ELLOS. Resulta que ahora tienen que escuchar que sus hijos, que siempre fueron a escuelas privadas de medio pelo pero privadas al fin, les pidan de regalo una netbook para el cumpleaños porque el profesor les dijo que estaban pagando por una educación en la cual se trabaja en inferioridad de condiciones con respecto a muchas de las escuelas estatales. 
Y es que esto así no va. Porque los pobres cumplen una función social y hasta religiosa (no olvidemos que de ellos será el reino de los cielos) que es la de lavar las conciencias sociales de quienes no quieren pagar sus impuestos pero cuyas almas caritativas son capaces de juntar la escasa ropa vieja que les sobra (a la que primero le sacan los botones) para que sea entregada a los pobres que, entonces sí, serán dignos de lástima y no de odio social. Tal vez, esa acción caritativa les permita reservarse una parcela en el cielo y, obviamente, en un lindo cementerio privado donde tendrán el derecho a la pudrición privada garantizada. 
Lógica perversa... falta de solidaridad... (que no confundimos con "caridad") Yo agregaría (que no soy poeta como mi amigo) que les duele el hecho de que cada vez tienen menos cosas para diferenciarse de quienes creen tan diferentes de ellos mismos y este acercamiento los espanta a muerte y los llena de odio: odio ideológico, odio de clase, odio ancestral.  Mi mamá siempre decía en tono de broma: "Si no existieran los feos, ¿cómo nos diferenciaríamos nosotros, los lindos?"
Y sin embargo, no es ésta la clase de personas que me preocupa porque son los que seguirán encerrados en esa lógica de pensamiento en la que intentarán dormir tranquilos proyectando en los otros lo que no quieren ni querrán nunca ver en sí mismos. La clase de personas que sí me interesa es la otra, la buena en esencia, la que todavía no se ha detenido a pensar porque tal vez no ha tenido oportunidad de hacerlo, me refiero a los más crédulos, a los que confían en los demás porque son de buena cepa y porque creen tal vez que los demás son de tan buena cepa como ellos. Me refiero a los que "copian y pegan" sin pensar, que son los mismos que repiten ingenuamente lo que escuchan y los mismos que reenvían mails sin chequear información alguna y, lo que es peor, sin DUDAR acerca de la "verdad" que transmiten esos mensajes. 
Aclaro a todas estas personas que no pretendo tampoco que me crean a mí. Para nada. Simplemente estoy tratando de poner en el centro la DUDA. 
La duda, creo yo, es el primer paso para empezar a pensar, es la capacidad del ser humano que lleva a la pregunta antes que a la respuesta. La duda nos permite reflexionar y colocar fuera de nosotros lo que los griegos llamaban "doxa" que es bastante parecido a lo que Marx llamó mucho más tarde "falsa conciencia", es decir, todas aquellas creencias que mamamos desde que tenemos memoria y que incorporamos a nuestro sistema de pensamiento sin filtro alguno y que, en la mayoría de los casos, habla a través de nosotros. También dijo Marx que sólo desde esa falsa conciencia, desde los prejuicios, podemos empezar a pensar porque es algo que todos experimentamos. Pero una cosa es que todos tengamos prejuicios y otra muy distinta es que no los cuestionemos jamás. 
En épocas en que las herramientas tecnológicas crecen a pasos agigantados y nos invitan a reflexionar permanentemente con respecto a las relaciones que mantenemos con ellas, es necesario saber que también dichas herramientas nos determinan de algún modo. Son épocas de vértigo y de estupor en los espacios del pensamiento porque parecería que los avances tecnológicos nos exceden y no hemos podido todavía sentarnos a reflexionar. 
Por eso propongo, en principio, dudar: dudar de la información, dudar antes de copiar y pegar, dudar frente a las pantallas, dudar de los buscadores que nos hacen creer que somos nosotros los que buscamos cuando en realidad condicionan permanentemente nuestra búsqueda, dudar de los mails que recibimos, dudar de lo que leemos en las redes sociales, DUDAR... Dudar para empezar a pensar, para no caer en la comodidad de no tener que decidir demasiado, para no ser más simples sorbetes por donde pasa sin impedimento alguno el líquido discursivo del poder instaurado.  Dudar en estos tiempos no es sólo nuestro derecho sino más que nada, nuestra obligación para seguir siendo parte activa del mundo que nos rodea.
Sigue no siendo otra cosa que la relación entre las palabras y las cosas. Otra vez, una vez más, las palabras y las cosas. Que las palabras digan lo que queremos que digan y no que digan lo que los otros quieren decir a través de nosotros.
Hasta la próxima.


jueves, 14 de julio de 2011

¿Cómo te atrevés, Fito?

(esta nota fue publicada como nota de facebook)

¿Cómo te atrevés, Fito, a ser tan políticamente incorrecto? Vos que no sos más que un artista, uno más de esos nuevos ciudadanos que han oscurecido tan morochamente la blonda y europea ciudad de Buenos Aires.
¿Cómo te atrevés, Fito? Vos que venís de Rosario, vos que fuiste "bienvenido" como tantos otros negritos del interior y de los países limítrofes por el dueño de la ciudad que se dignó (aunque con el asco que corresponde) a abrir las puertas de su casa a los oscuros de cuerpo y alma como vos...
¿Cómo te atrevés, Fito? Vos no tenés ningún derecho a la libertad de expresión, ¿quién te creés que sos? ¿Vargas LLosa? Él es un premio Nobel, viejo, a pesar de ser un negrito peruano, al menos, supo ganarse un premio Nobel... Él sí tiene derecho a la libertad de expresión. Él sí tiene derecho a decir de nosotros, los argentinos, las barbaridades que dijo. Aprendé, nene, a decir barbaridades. Escuchá al maestro y te vas a dar cuenta de la diferencia, te vas a dar cuenta de que él sí sabe ser políticamente correcto, ¿y sabés por qué? Porque habla desde la derecha, Fito. Escuchá y aprendé cómo se habla mal de los votantes. Se hace así:

"¿Cómo puede ser que sea el país empobrecido, caótico, subdesarrollado que es hoy?
¿Qué pasó?
¿Alguien los invadió?
¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible?
No, los argentinos se hicieron eso.
Los argentinos eligieron a lo largo de medio siglo las peores opciones. Eso es. El peronismo es elegir el error, perseverar en el error a pesar de las catástrofes que se le han ido sucediendo en la historia moderna del país.
¿Cómo se entiende eso?
Un país con gentes cultas, absolutamente privilegiado, una minoría de habitantes en un enorme territorio que es un continente que concentra todos los recursos naturales.
¿Por qué no son el primer país de la Tierra ?
¿Por qué no tienen el mismo nivel de vida que Suecia, que Suiza?
Porque los argentinos no han querido. Han querido en cambio ser pobres. Han querido vivir bajo dictaduras, han querido vivir dentro del mercantilismo más espantoso."
Hay en esto una responsabilidad del pueblo argentino."

¿Y vos venís a decir que la gente linda de la ciudad de Buenos Aires te da "asco"? ¿Cómo te atrevés, Fito, cómo te atrevés? Vos te creés que porque la limpita clase media dice que esos negros de mierda van a las marchas por el choripán están humillando a las clases trabajadoras o los están discriminando de algún modo? ¿Por qué te creés que nadie hace una denuncia al inadi por estos "blancos" decires?
Sos facho, Fito, sos facho. Andá aprendiendo que no es lo mismo decir que alguien tiene ganas de "tirar a Kirchner del tren" o que se diga que "la gente los quiere matar" (a los Kirchner) que hablar de "asco" como lo hiciste vos. Asco es el que tiene el ingeniero cuando se le acerca un pobre para sacarse la foto. Aclaremos el significado de las palabras de una buena vez. ¿Que eso es fascismo? No, querido, lavate la boca antes de acusarnos de fascismo. Eso no es fascismo, Fito, lo tuyo es fascimo. Lo tuyo es autoritarismo. No lo de Vargas Llosa, ni lo del rubio ingeniero, ni lo de la pitonisa Carrió.

¿Cómo te atrevés, Fito? Pensalo si es que esa negra cabecita puede pensar... Vos sos más extranjero que Vargas Llosa. Pensalo. Después de todo, sos un hippie (se escribe h-i-p-p-i-e, se pronuncia jipi o gipi), un zurdito que anda de vago, todo el día con la guitarrita y el pianito por ahí. Andá sabiendo que la gente como vos, Fito, no tiene derecho a andar diciendo lo que piensa o las cosas que le dan asco por ahí...

miércoles, 23 de marzo de 2011

Taller "El doble en la literatura y en el cine"

Todos los sábados de abril y mayo de 10.30 a 13.30 voy a dar un curso- taller en la UNQ y todos los miércoles de mayo y junio de 19 a 21, en el Espacio Y, lugar cultural(Mansilla 2982, Palermo). Les comento en qué consiste, qué vamos a leer y a proyectar y cuáles son los contenidos más importantes del taller. En la UNQ, la inscripción comenzó el 21 de marzo y permanecerá abierta hasta agotar vacantes. El curso comienza el sábado 9 de abril.

DESCRIPCIÓN GENERAL:
Desde el andrógino platónico hasta la realidad virtual, la clonación y la construcción de la “realidad” por parte de los medios masivos de comunicación, el tema del doble ha sido objeto de estudio de todos los tiempos. En el taller se abordará el análisis desde las diferentes áreas de la cultura (psicología, sociología, filosofía, comunicación, etc.) a través de algunos de los textos más representativos que han abordado el tema.
Los encuentros tendrán la modalidad de TALLER de trabajo, por lo que se recomienda la lectura previa de los textos a trabajar. En la UNQ tendremos tiempo de leer algunos textos en clase.
Se pondrán a disposición de los alumnos las películas que se comentarán y analizarán en el curso, en especial aquellas que son difíciles de encontrar en el mercado. Asimismo, se proyectarán fragmentos de dichos filmes durante los encuentros para resaltar aspectos particulares del análisis de las películas propuestas. 
CONTENIDOS:
Primera sesión: 
Presentación del curso: Las diferentes formas del “doble”: el desdoblamiento, el doppelgänger o los gemelos idénticos, la metamorfosis, el mito de Anfitrión o Disfraz, la mirada estereoscópica. Los signos del doble: la sombra, el espejo, el eco, la fotografía, la imagen, la ficción, el sueño, la muerte, etc. Breve recorrido histórico: del andrógino platónico a Hyde. La otredad y la mismidad, de “ser el otro” al “no ser”.
Se analizarán fragmentos literarios y se proyectarán fragmentos de películas que han trabajado el tema a lo largo de la historia
Segunda sesión:
La perspectiva sociológica: El desdoblamiento como reacción a la represión y a la censura. La perspectiva filosófica: el problema del mal. La perspectiva psicológica: el deseo. Los elementos fantásticos.
El lenguaje cinematográfico: del texto literario al texto fílmico: los modos de leer/mirar, los modos de producción y de representación. El “testigo”: la tercera mirada y la identificación del lector/ espectador.
Literatura: El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde (Robert L. Stevenson, Reino Unido, 1886)
Cine: El secreto de Mary Reilly (Stephen Frears, Estados Unidos, 1996)
Tercera sesión:
El problema del otro: otredad y alteridad. El doble en el espacio. Los modos de representación del espacio “doble” en el cuento y en el cine. La inefabilidad en el lenguaje y en el cine: ¿Cómo nombrar lo que no se conoce? El problema de la ajenidad y el reconocimiento de lo otro en el sí mismo. La focalización en la literatura y en el cine.
Literatura: “Casa tomada” (Julio Cortázar, en Bestiario, 1951)
                   “La casa de Asterión” (Jorge Luis Borges, en El Aleph, 1949)
Cine: Los otros de Alejandro Amenábar (Estados Unidos, 2001)
Cuarta sesión:
El problema de la identidad: El desdoblamiento y el doppelgänger: El pasaje de un mundo a otro. La repetición y la diferencia. La autoconsciencia en el cine y en la literatura. Primera aproximación al procedimiento del doble en la enunciación. El plano, el montaje, el encuadre: diferentes tipos y significaciones.
Literatura: “Lejana” (Julio Cortázar, Bestiario, 1951)
Cine: La doble vida de Verónica (Krzysztof Kieslowski, Francia- Polonia, 1991)
Quinta sesión:
La pregunta por el ser: el problema de la identidad. El doppelgänger: el espejo narcisista: Ser de a dos. Verse en el otro. El deseo de ser el otro: la máscara, el sueño, la ficción, la muerte. El deseo y la fatalidad. El número tres. Primer acercamiento al tema del “doble” en Borges.
Literatura: “La intrusa” (Jorge Luis Borges, El informe de Brodie, 1970)
Cine: Pacto de amor (David Cronenberg, Canadá, 1998)
Sexta sesión:
El doble en el enunciado y en la enunciación. La ambigüedad como estrategia narrativa. El problema de la voz/ mirada: ¿Quién habla/ mira en un texto? El pasaje de la voz narrativa.
Literatura: “Las babas del diablo” (Julio Cortázar, Las armas secretas, 1959)
Cine: Caché  (Michael Haneke, Francia, Austria, Alemania, Italia, 2005)
Séptima sesión:
El “doble” y el tiempo. La repetición al infinito. La memoria como reconstrucción- narración de la identidad individual y social, como “doble” del pasado. Obturación y ocultamiento de la información: Periodismo y ficción. Historia y ficción; realidad y discurso: ser lector/ escritor de la historia personal y social. Borges: del doble al no ser: Panteísmo, tiempo circular, eterno retorno. El tiempo narrativo en el cine y en la literatura.
 Literatura: “Tema del traidor y del héroe” Jorge Luis Borges, Ficciones, 1947)
Cine:Memento de Christopher Nolan (Estados Unidos, 2000)
 Octava sesión:
 El doble virtual. Realidad y virtualidad. El ser en los nuevos lenguajes: obsolescencia y perdurabilidad. La ficción científica en la literatura y en el cine.  Borges: de la Enciclopedia británica a Internet.
Literatura: “El jardín de senderos que se bifurcan” (Ficciones, 1947)
Cine:   Matrix  de los hermanos Wachowski, (Estados Unidos, 1999)

Para más información pueden dirigirse, en el caso de la UNQ, al box 11 del hall central de la universidad o por teléfono a la Secretaría de Extensión Universitaria (4365-7168) de lunes a viernes de 12 a 18. También pueden hacerlo por mail a secretaria_extension@unq.edu.ar   En el caso de Espacio Y, por  teléfono o por fax al 4962-9402 o por mail a  espacioylc@yahoo.com.ar

AGRADEZCO PROFUNDAMENTE LA DIFUSIÓN DE ESTA ACTIVIDAD.


LOS ESPERO!! 

lunes, 7 de febrero de 2011

Y papá nos dijo: "Me caso."

A Juan Francisco Esponda, enamorado…

"de este otoño que hiciste primavera..."
Joan Manuel Serrat
Cuando una se está acostumbrando de manera un poco estúpida a intercalar en algunas de sus conversaciones expresiones del tipo: “A mí ya nada me sorprende”, “a esta altura de mi vida…”, “son años de terapia…” y otras bobadas por el estilo…, cuando una cree que ha logrado asentarse (sólo un poco nomás, tampoco la pavada…), quiero decir: cuando una cree que ya nada podrá sorprenderla de manera realmente sorprendente, que ya nada será capaz de hacerle pegar un salto y dar una vuelta entera en el aire sin saber muy bien cómo va a caer…, entonces, justo cuando la vida la agarra a una distraída, viene papá, que cumplirá 84 este año, y nos dice a mi hermana y a mí: “ME CASO”.
—Hola— digo sosteniendo el teléfono entre la oreja y el hombro porque estoy planchando un pareo en tonos de azules y negros que me va a quedar fantástico con la malla nueva.
—Hola, hija, ¿estás sentada?
—No, papá, estoy planchando, estoy preparando las valijas, todavía tengo que hacer compras, no puedo sentarme. ¿Qué pasa? ¿Nació el bebé de Juli?
—No, no, hija. Andá. Buscá una silla y sentate que tengo que tirarte una bomba.
—Ay, papá. No me asustes— le digo mientras largo la plancha y cazo el teléfono con una mano y una silla con la otra.
—No, no… No te asustes… Creo que es una buena noticia…: Me caso.
Después de un silencio que, aunque duró apenas unos segundos, pareció durar siglos, me reí de manera más nerviosa que espontánea y le dije: “Dale, pa, tengo cosas que hacer, no jodas”
(Ya una vez me había llamado para contarme que ese mismo día vendría a vivir con él alguien de 32 de quien se había enamorado irremediablemente a primera vista. Cuando le pregunté con alguna sospecha de quién se trataba, se puso muy serio y me dijo: “Bueno, tengo que confesarte algo más”. Yo también me puse seria. “Es de género masculino”. Aunque mi papá es una caja de sorpresas, supe inmediatamente que me estaba cargando y entonces nos reímos y me contó acerca de su nueva adquisición: un televisor de 32 pulgadas con todos los chiches, que en ese momento significaba una pequeña fortuna para el bolsillo de un jubilado como papá.)
—No estoy bromeando, hija. Es en serio, estoy enamorado y me caso…
La silla no me alcanzaba así que me recosté en el sillón del living y le pedí a mi hijo que llamara a la farmacia para que vinieran a tomarme la presión.
—¿En serio? —pregunté con mi mejor voz de felizcumpleaños— ¿Con quién?
—Con Fulana de tal.
—¡Ah! —Me pongo contenta y le pido a Lautaro que suspenda el recado…— ¿Con esa señora tan elegante, de ojos claros que vive en España desde hace años?
Ahora el silencio es de él…
—No, nena — me dice como si no pudiera creer lo que le estoy diciendo— Con la hija…
Le hago señas al nene para que no suspenda nada, que vaya nomás a la farmacia y que, de paso, me compre un Lexotanil o un Alplax o alguna de esas pastillas que nunca tomé en la vida pero que va siendo hora de que empiece a probar: “Mejor te traigo un faso, ma, es más sano, más barato y sus poderes curativos están altamente probados”. Le digo que sí con la cabeza sin saber muy bien qué me acaba de decir, mientras pienso a mil cómo seguir la conversación. De pronto me sonrío, me doy cuenta: hay cosas que no pueden ser… Si una vez casi me hace creer que se había vuelto homosexual a los ochenta años, ¿por qué mejor no creer que ahora también está aburrido y que no ha hecho otra cosa que encargar un helicóptero a la Fuerza Aérea Argentina para decorar el living…?
—Me estás cargando… Dale, en serio, que tengo mucho que hacer… — digo esperando que se ría y me cuente de qué nuevo objeto se trata esta vez (el último había sido una netbook y los anteriores, un e-book y un teléfono 3G)
Silencio. Caigo en la realidad otra vez. No está bromeando. No se va a comprar un helicóptero ni un ciberloro que cante la Cumparsita, ni el famoso cohete que Menem quería comprar para cruzar la estratósfera.
—¡¿Y me lo decís por teléfono?! ¡Pero si casi tiene mi edad!...
—No, no… Es un poco mayor que vos, che… —me dice como si yo estuviera exagerando y no fuera capaz de hacer la cuenta más elemental—Te doy con tu hermana…
Mi hermana, que de no estar delante de papá se hubiera puesto a llorar a los gritos, me hablaba como si hubiera muerto el hombre que tiene que apretar el botón para que el mundo no se autodestruya en los siguientes cinco segundos. Me dice: “Disculpame, pero no me podía quedar con esto yo sola. Vos te vas de vacaciones mañana y yo supuse que tenías que saberlo”. Y sí, tenía que saberlo. Que cuándo viaja, que qué hace allá, que qué tiene, que qué deja, que cómo le puede interesar un hombre de 83 años, que si lo querrá de verdad, que…, que…, que…
La suma de todos los miedos, la suma de todos los "que"... Después de todo, se trata de papá.
Cuando corté el teléfono, Lautaro estaba ahí, parado enfrente de mí, con un faso en una mano y un encendedor en la otra: “¿Fumamos?”

Está pasando el primer impacto, y entre tanto “que…”, lo cierto es que empiezo a recordar que papá está hecho un pendejo, que me acaba de decir que lo primero que va a hacer es cambiar la cama de una plaza y media por un somier King Size de dos metros por dos metros, que además está lindo y mucho más saludable, que parece más joven, que me dice mi hermana que se toma la presión a cada rato porque tiene miedo de que el entusiasmo le juegue una mala pasada, que ya está preparando una foto de la novia para colgar en el pasillo y que, como si esto fuera poco, cuenta como un adolescente los días que faltan para encontrarse con ella…
Y entonces, me digo que a una no le queda otra cosa que aceptar que los padres crecen y se van en busca de sus propias vidas y que una debe resignarse a “perderlos” recomendándoles que se cuiden, que no hagan cosas locas, que piensen, que no se apresuren, que esperen y cuanta sarta de idioteces solemos decir las hijas cuando los padres se enamoran y empiezan a volar una vez más: “¿Esperar?”, me había dicho en el teléfono unos minutos atrás, “yo no tengo tiempo para esperar”
Recuerdo que una semana antes le había dicho lo mismo a la empleada de Direct TV que trataba de hacerle entender que colocar el sistema de alta definición llevaba tiempo, que tenía que esperar. “Mire, señorita, yo tengo 83 años, no tengo tiempo para esperar.” Obviamente no consiguió que se lo pusieran inmediatamente pero sí le sacó a la pobre empleada si no la verdad, al menos, la promesa de tiempo.
La promesa de tiempo…
Y qué otra cosa que el amor nos promete tiempo… Quién no sueña con ese bonus track único que borre los game over para siempre. Quién no sueña con otra oportunidad que nos permita empezar el juego de vivir flotando una vez más.

Sonrío. Y le digo a Lauti: “Tomá la última y apagalo”.

HASTA LA PRÓXIMA.

viernes, 31 de diciembre de 2010

De comienzos y de finales: un fin de año borgeano

No creo demasiado en los comienzos y los finales, sobre todo los establecidos por el calendario. Tiempo convención. Tiempo lineal. Tiempo límite. Será que nunca me gustó mucho la línea recta, esa mentira de puntos continuos que nos lleva a un infinito que no quiere ser. Mucho menos me gusta el fragmento, esa recta recortada, encarcelada por puntos en algún segmento de tiza amarilla sobre un viejo pizarrón: A-B: dos puntos en la recta: principio y final…
Pero la recta no acepta principios ni finales (y sin embargo, sí) No hay forma de retener a la recta porque ella pisotea soberbia los puntos de tiza y atraviesa el límite del pizarrón y la pared y el edificio y las calles y los mares y el mundo y se burla del punto para seguir flotando en la esfera de la infinitud que (no nos engañemos) tampoco es.
Recta escurridiza que si no escapa hacia afuera, lo hará inevitablemente hacia adentro, precioso Zenón: Para ir de A hacia B, hay que pasar por C, exactamente la mitad del camino. Pero para ir de A a C, también habrá que pasar por D, exactamente la mitad del camino entre A y C. Y después por E y por F y por… ¿Será que permanecemos siempre en el mismo sitio? ¿Será que para llegar a diciembre hay que pasar por julio y para llegar a julio hay que pasar por abril y para llegar a abril hay que pasar por febrero y para llegar a febrero hay que pasar por la mitad de enero y…? ¿Será que nunca llegaremos al 31 de diciembre en este recorrido infinito para adentro del querido Zenón?
“And yet… And yet”, diría el viejo en “Nueva refutación del tiempo”, la verdad es que estamos aquí. O no. Tal vez tomamos la píldora equivocada y seguimos en la Mátrix…
Tiempo. Paradoja. Contradicción. Cruce. Cinta de Moebius.
Lo cierto es que cuando me imagino el tiempo prefiero la red a la línea, como me enseñó el viejo. Por literaria, por vulnerable, porque me obliga a cruzar. Y porque en esos cruces es donde casi siempre encuentro la vida. Los cruces no son comienzos ni finales y por eso son los que dejan huella, los que obligan a optar por un camino o por otro como en el viejo jardín donde Albert espera por mí. O no. Depende de qué bifurcación me lleve hasta allí.
Aunque prefiero la red a la línea, el laberinto al tiempo o el cruce al horizonte, esta noche esperaré una vez más el principio del fin y el comienzo de lo nuevo y brindaré con los que quiero y comeré pasas de uva y nueces y turrones. Y tomaré champagne y vino tinto y me embriagaré con los fuegos artificiales (y con champagne y vino tinto, claro) para festejar una vez más, el inicio.
Y sin embargo, y sin embargo...
No creo demasiado en los comienzos y los finales, sobre todo los establecidos por el calendario. Tiempo convención. Tiempo lineal. Tiempo límite.
Que la pasen muy bien esta noche. ¡Feliz año nuevo para todos!
Hasta la próxima.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Orden y disciplina

En estos últimos tiempos hemos asistido a situaciones públicas que bien podrían haber formado parte del mejor de los programas de Diego Capusotto o de alguno de los mejores monólogos que Tato solía terminar de manera genial con su “¡Vermouth con papas fritas y good show!”. Hemos visto desfilar por la pantalla de televisión a Micky Vainilla (ahora sin bigotes) diciendo que los inmigrantes latinoamericanos son narcotraficantes y criminales y hemos tenido algo muy parecido al profesor Strasnoy (¡Hablá bien, pelotudo!) dando cátedra sobre el significado de las palabras en la Escuela Kennedy y el David Rockefeller Center de Boston en los Estados Unidos. En esta oportunidad, la parodia barata del conocido profesor capusotteano no necesitó sus conocidos métodos persuasivos porque las blancas palomitas estadounidenses acordaron en todo con sus dichos: “En la Argentina es imprescindible poner orden porque se puede desmadrar la situación” y agregó: “hay una falsa concepción que dice que el orden es de derecha. En la Argentina hay una necesidad de poner orden. Respetar la norma en todo sentido."
La pregunta que deberíamos hacernos no es si la concepción del orden como perteneciente al campo del discurso de derecha es o no falsa, sino que la pregunta debería girar en torno a quién pone "la norma" que debe ser respetada para que la armonía reine definitivamente sobre el caos, como quiere este ex presidente no electo devenido en profesor.
Por otro lado, habría que preguntarse además acerca de la incidencia de la palabra sobre las cosas y viceversa. Las palabras "caos" y "crispación", por ejemplo, han tenido un protagonismo tal en los noticieros de televisión a lo largo de este año que, en algunos casos, hemos tenido que preguntarnos cuándo las cosas generan las palabras y cuándo son las palabras las que generan las cosas. La palabra "caos", recordemos, se ha utilizado a lo largo de este año tanto para describir el festejo del Bicentenario como para describir un embotellamiento por un conflicto social.
Por todo esto, como tantas otras veces en este espacio, me gustaría reflexionar acerca de las palabras y de su relación con las cosas. En esta ocasión, por ejemplo, el significado de la palabra “orden” y su relación con la supuesta (o no) vinculación con un discurso de derecha.
Tal vez nos sirva para comenzar a pensar, establecer un paralelismo con una de las áreas que mejor conozco que es la educación. En educación, por ejemplo, el concepto de “orden” ha imperado desde tiempos inmemoriales en cualquier aula que se precie de tal. “Orden y disciplina”, rezaba un viejo maestro desde la clase de al lado de la mía en la primaria del colegio en el que estudié mientras volaban tizas, insultos y papelitos por los sagrados aires de la sacrosanta clase de quinto grado. Durante mucho tiempo, en Educación, imperó la idea de un supuesto orden relacionado con la ausencia de conflictos. Negar el conflicto fue, entonces, la manera de negar las diferencias y de imponer la figura autoritaria del docente como norma y valor absoluto e indiscutible dentro del ámbito escolar.
Con el tiempo, algunos docentes nos fuimos dando cuenta de que invisibilizar el conflicto no hace que desaparezca. En todo caso, lo único que muestra es la inoperancia que tenemos los adultos para lidiar con él y con sus consecuencias. Así, muchos entendimos que, lejos de borrar el conflicto, había que ponerlo en evidencia y, en todo caso, convertirlo en herramienta pedagógica para aprender siempre algo nuevo de él. Supimos, entonces, que el “orden” no es algo que se impone desde el poder sino algo que se conversa y se gestiona en equipo para prevenir actos de violencia de los cuales podríamos arrepentirnos después. Me pregunto qué opinaría ese papá de clase media que pide a gritos represión en las tomas de los predios públicos, si los docentes para “poner orden” comenzaran a repartir 1 (unos) entre los alumnos porque interrumpen la ordenada y sapiente voz del profesor y más tarde, ante la protesta de los mismos por tamaña injusticia, el docente y todos los directivos empezaran a repartir sopapos o a mandar a todos a examen con la excusa de “mantener el orden y la disciplina escolar”.
Me pregunto, además, qué ocurriría con un docente que constantemente está pidiendo a la dirección del colegio que intervenga en su clase porque no puede manejar el grupo. ¿No es muy similar al caso (mucho más grave esta vez por el grado de responsabilidad que implica) de un jefe de gobierno que constantemente está pidiendo a la Nación que lo ayude porque no puede mediar en los conflictos que se desencadenan en su juridicción? ¿Qué pasaría si el docente no se anima a "castigar" con sus propios instrumentos el desorden que sus alumnos han provocado en su propia clase, pero le exige a los directivos que con todo el rigor del sistema disciplinario repongan el orden aplicando masiva e indiscriminadamente amonestaciones a todo el curso? ¿No es muy similar al caso de un jefe de gobierno que no se anima a dar la orden a su policía (creada, además, por él para colaborar con la tan mentada "seguridad") y exige a la Nación que envíe a la suya para que le salve las papas en un conflicto que él mismo no supo prevenir, ni siquiera prever, o lo que es mucho peor, que él mismo provocó con su inoperancia y su irresponsabilidad?
Por eso, el orden debería pensarse desde la prevención, desde el accionar destinado no a evitar el conflicto, que es inevitable en cualquier sociedad libre y plural, sino como una actividad pensada para prevenir la violencia que es el verdadero flagelo que, por otra parte, han instalado los mismos que hoy hablan de la "necesidad" de un supuesto y sagrado "orden social".
Es entonces cuando nos preguntamos desde dónde hablan los que hablan de orden y por qué, en general, tendemos a asociar el concepto de “orden” a la derecha más repulsiva y tradicional. No porque el orden sea en sí mismo algo malo, al contrario, el orden es absolutamente necesario para la convivencia social. El tema es quién pone las normas y quiénes están dispuestos a respetarlas y a hacerlas respetar. Si el orden es la consecuencia de un Estado represivo, de las balas impuestas por un organismo policial, entonces la palabra “orden” estará ligada a la derecha, es decir, a quienes creen que la verdad está en quienes tienen el poder de la fuerza. En cambio, si hablamos de “orden” como una consecuencia de la prevención para evitar la violencia negociando el conflicto y buscando las normas de manera consensuada y racional, entonces el “orden” será una medida ligada a una visión progresista que acepta las diferencias y hace de esas diferencias una herramienta de aprendizaje que enriquece nuestra cultura en lugar de “ensuciarla”.
En este sentido no es para nada casual que en el discurso de un hombre que suele provocar "caos" en los fines de año cuando el poder se le escapa de las manos, que tiene en su haber varias muertes por represión en conflictos sociales y en cuyo acto de lanzamiento a su precandidatura presidencial estuvo presente nada más ni nada menos que la apóloga de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, la impresentable Cecilia Pando, la palabra "orden" se repita tres veces en menos de tres renglones. Por discursos como éste que vienen de quien vienen, tendemos a asociar el concepto de "orden" con la derecha. Pero no necesariamente debería ser así, por eso, la necesidad de pensar y repensar el lenguaje una y otra vez, para que no nos atraviese como si fuéramos el mero papel higiénico o la carilina de los culos y narices de quienes pretenden detentar el poder a cualquier precio, precio que incluye el de la violencia y de la muerte que, ¡Oh, casualidad!, siempre termina en muerte de gente pobre e indefensa en lucha por sus derechos.
En fin, es bueno estar advertidos acerca del modo en que ciertas personas usan las palabras pero sobre todo es bueno reflexionar acerca del modo en que nosotros las usamos porque no siempre las palabras significan lo que uno quiere que signifiquen o significan para el otro lo que uno cree que para el otro significan.
En este sentido, quiero despedirme esta vez con uno de los diálogos más maravillosos que se han escrito en relación con el problema del significado de las palabras y su relación con las cosas en la literatura universal:

“—Cuando yo uso una palabra —dijo (Humpty Dumpty) en un tono bastante desdeñoso— significa lo que yo decido que signifique, ni más ni menos.
—La cuestión es —dijo Alicia— si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes
—La cuestión es —dijo Humpty Dumpty— saber quién es el amo, eso es todo”

(Lewis Carrol, Alicia a través del espejo)

Cuando se habla de “orden”, entonces, no importa si es una palabra asociada a la derecha o a la izquierda. Lo que en verdad importa es en qué sentido y desde dónde habla de "orden" el que habla de "orden" y sobre todo, qué significado le damos nosotros a las palabras, para que, una vez más tratemos de ser nosotros quienes usamos el lenguaje y no quienes somos usados por él.
Seamos nosotros los amos.
Hasta la próxima.