"En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui Pen, opta -simultáneamente- por todas..."

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Orden y disciplina

En estos últimos tiempos hemos asistido a situaciones públicas que bien podrían haber formado parte del mejor de los programas de Diego Capusotto o de alguno de los mejores monólogos que Tato solía terminar de manera genial con su “¡Vermouth con papas fritas y good show!”. Hemos visto desfilar por la pantalla de televisión a Micky Vainilla (ahora sin bigotes) diciendo que los inmigrantes latinoamericanos son narcotraficantes y criminales y hemos tenido algo muy parecido al profesor Strasnoy (¡Hablá bien, pelotudo!) dando cátedra sobre el significado de las palabras en la Escuela Kennedy y el David Rockefeller Center de Boston en los Estados Unidos. En esta oportunidad, la parodia barata del conocido profesor capusotteano no necesitó sus conocidos métodos persuasivos porque las blancas palomitas estadounidenses acordaron en todo con sus dichos: “En la Argentina es imprescindible poner orden porque se puede desmadrar la situación” y agregó: “hay una falsa concepción que dice que el orden es de derecha. En la Argentina hay una necesidad de poner orden. Respetar la norma en todo sentido."
La pregunta que deberíamos hacernos no es si la concepción del orden como perteneciente al campo del discurso de derecha es o no falsa, sino que la pregunta debería girar en torno a quién pone "la norma" que debe ser respetada para que la armonía reine definitivamente sobre el caos, como quiere este ex presidente no electo devenido en profesor.
Por otro lado, habría que preguntarse además acerca de la incidencia de la palabra sobre las cosas y viceversa. Las palabras "caos" y "crispación", por ejemplo, han tenido un protagonismo tal en los noticieros de televisión a lo largo de este año que, en algunos casos, hemos tenido que preguntarnos cuándo las cosas generan las palabras y cuándo son las palabras las que generan las cosas. La palabra "caos", recordemos, se ha utilizado a lo largo de este año tanto para describir el festejo del Bicentenario como para describir un embotellamiento por un conflicto social.
Por todo esto, como tantas otras veces en este espacio, me gustaría reflexionar acerca de las palabras y de su relación con las cosas. En esta ocasión, por ejemplo, el significado de la palabra “orden” y su relación con la supuesta (o no) vinculación con un discurso de derecha.
Tal vez nos sirva para comenzar a pensar, establecer un paralelismo con una de las áreas que mejor conozco que es la educación. En educación, por ejemplo, el concepto de “orden” ha imperado desde tiempos inmemoriales en cualquier aula que se precie de tal. “Orden y disciplina”, rezaba un viejo maestro desde la clase de al lado de la mía en la primaria del colegio en el que estudié mientras volaban tizas, insultos y papelitos por los sagrados aires de la sacrosanta clase de quinto grado. Durante mucho tiempo, en Educación, imperó la idea de un supuesto orden relacionado con la ausencia de conflictos. Negar el conflicto fue, entonces, la manera de negar las diferencias y de imponer la figura autoritaria del docente como norma y valor absoluto e indiscutible dentro del ámbito escolar.
Con el tiempo, algunos docentes nos fuimos dando cuenta de que invisibilizar el conflicto no hace que desaparezca. En todo caso, lo único que muestra es la inoperancia que tenemos los adultos para lidiar con él y con sus consecuencias. Así, muchos entendimos que, lejos de borrar el conflicto, había que ponerlo en evidencia y, en todo caso, convertirlo en herramienta pedagógica para aprender siempre algo nuevo de él. Supimos, entonces, que el “orden” no es algo que se impone desde el poder sino algo que se conversa y se gestiona en equipo para prevenir actos de violencia de los cuales podríamos arrepentirnos después. Me pregunto qué opinaría ese papá de clase media que pide a gritos represión en las tomas de los predios públicos, si los docentes para “poner orden” comenzaran a repartir 1 (unos) entre los alumnos porque interrumpen la ordenada y sapiente voz del profesor y más tarde, ante la protesta de los mismos por tamaña injusticia, el docente y todos los directivos empezaran a repartir sopapos o a mandar a todos a examen con la excusa de “mantener el orden y la disciplina escolar”.
Me pregunto, además, qué ocurriría con un docente que constantemente está pidiendo a la dirección del colegio que intervenga en su clase porque no puede manejar el grupo. ¿No es muy similar al caso (mucho más grave esta vez por el grado de responsabilidad que implica) de un jefe de gobierno que constantemente está pidiendo a la Nación que lo ayude porque no puede mediar en los conflictos que se desencadenan en su juridicción? ¿Qué pasaría si el docente no se anima a "castigar" con sus propios instrumentos el desorden que sus alumnos han provocado en su propia clase, pero le exige a los directivos que con todo el rigor del sistema disciplinario repongan el orden aplicando masiva e indiscriminadamente amonestaciones a todo el curso? ¿No es muy similar al caso de un jefe de gobierno que no se anima a dar la orden a su policía (creada, además, por él para colaborar con la tan mentada "seguridad") y exige a la Nación que envíe a la suya para que le salve las papas en un conflicto que él mismo no supo prevenir, ni siquiera prever, o lo que es mucho peor, que él mismo provocó con su inoperancia y su irresponsabilidad?
Por eso, el orden debería pensarse desde la prevención, desde el accionar destinado no a evitar el conflicto, que es inevitable en cualquier sociedad libre y plural, sino como una actividad pensada para prevenir la violencia que es el verdadero flagelo que, por otra parte, han instalado los mismos que hoy hablan de la "necesidad" de un supuesto y sagrado "orden social".
Es entonces cuando nos preguntamos desde dónde hablan los que hablan de orden y por qué, en general, tendemos a asociar el concepto de “orden” a la derecha más repulsiva y tradicional. No porque el orden sea en sí mismo algo malo, al contrario, el orden es absolutamente necesario para la convivencia social. El tema es quién pone las normas y quiénes están dispuestos a respetarlas y a hacerlas respetar. Si el orden es la consecuencia de un Estado represivo, de las balas impuestas por un organismo policial, entonces la palabra “orden” estará ligada a la derecha, es decir, a quienes creen que la verdad está en quienes tienen el poder de la fuerza. En cambio, si hablamos de “orden” como una consecuencia de la prevención para evitar la violencia negociando el conflicto y buscando las normas de manera consensuada y racional, entonces el “orden” será una medida ligada a una visión progresista que acepta las diferencias y hace de esas diferencias una herramienta de aprendizaje que enriquece nuestra cultura en lugar de “ensuciarla”.
En este sentido no es para nada casual que en el discurso de un hombre que suele provocar "caos" en los fines de año cuando el poder se le escapa de las manos, que tiene en su haber varias muertes por represión en conflictos sociales y en cuyo acto de lanzamiento a su precandidatura presidencial estuvo presente nada más ni nada menos que la apóloga de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, la impresentable Cecilia Pando, la palabra "orden" se repita tres veces en menos de tres renglones. Por discursos como éste que vienen de quien vienen, tendemos a asociar el concepto de "orden" con la derecha. Pero no necesariamente debería ser así, por eso, la necesidad de pensar y repensar el lenguaje una y otra vez, para que no nos atraviese como si fuéramos el mero papel higiénico o la carilina de los culos y narices de quienes pretenden detentar el poder a cualquier precio, precio que incluye el de la violencia y de la muerte que, ¡Oh, casualidad!, siempre termina en muerte de gente pobre e indefensa en lucha por sus derechos.
En fin, es bueno estar advertidos acerca del modo en que ciertas personas usan las palabras pero sobre todo es bueno reflexionar acerca del modo en que nosotros las usamos porque no siempre las palabras significan lo que uno quiere que signifiquen o significan para el otro lo que uno cree que para el otro significan.
En este sentido, quiero despedirme esta vez con uno de los diálogos más maravillosos que se han escrito en relación con el problema del significado de las palabras y su relación con las cosas en la literatura universal:

“—Cuando yo uso una palabra —dijo (Humpty Dumpty) en un tono bastante desdeñoso— significa lo que yo decido que signifique, ni más ni menos.
—La cuestión es —dijo Alicia— si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes
—La cuestión es —dijo Humpty Dumpty— saber quién es el amo, eso es todo”

(Lewis Carrol, Alicia a través del espejo)

Cuando se habla de “orden”, entonces, no importa si es una palabra asociada a la derecha o a la izquierda. Lo que en verdad importa es en qué sentido y desde dónde habla de "orden" el que habla de "orden" y sobre todo, qué significado le damos nosotros a las palabras, para que, una vez más tratemos de ser nosotros quienes usamos el lenguaje y no quienes somos usados por él.
Seamos nosotros los amos.
Hasta la próxima.

20 comentarios:

Anónimo dijo...

Justo abri por si habia algo nuevo y veo que es la fecha de hoy... ¿No estarems conectados? ja! Pensaba reclamar porque hacía rato que no escribia nada.¿Que estaba pasando? de todas formas valio la pena esperar, está bueno eso de de que hablamos cuando hablamos de orden. Dualde es lo peor que le pasó al pais después de la dicrtadura, yo no puedo creer que haya gente que lo siga mas alla de la pando...
En fin, profe, que bueno que volvio al ruedo.
Buenas fiestas y feliz 2011 para usted y para todos los que siguen el blog!
Cristian

Anónimo dijo...

Ups me olvidé de la h en Duhalde! No me mate! ja!

LFyM dijo...

Tomar como la única solución para el "desorden" la represión es una imagen meramente simplista y como vos decís no arraiga en las raíces del problema, es solo una "solución" rápida que no resuelve la situación más que por el momento (si es que a eso se le puede llamar "resolver la situación"). Y como bien decís es lo que pide la derecha..represión constante como única alternativa y ayudado por el pedido desesperado de periodistas por intervención policial, implantando la idea en el inconciente social que es la única respuesta posible. Por suerte la gente cada día se da más cuenta de las cosas que pasan alrededor y no se dejan llevare por la marea de aquellos que "hablan por todos".

muy bueno má, me gustó mucho el paralelismo de los padres en las escuelas y como reaccionarían si la solución al "desorden" fuera la misma que pedían en soldati

emeygriega dijo...

Ocurre Laurita que todo se circunscribe a la capacidad de gobernar, antes que la de poner orden.
Mi abuelo solía decirnos: "te informo, para tu gobierno..." cuando quería decirnos: "te informo, para tu conocimiento".
Yo suelo replicar esa frase y me gusta la idea de que gobernar es conocer, ser capaz de maniobrar, de resolver.
Por eso no reivindico más orden que el de la libertad de la inteligencia para saltar obstáculos, algo que quien es capaz de tragarse un bigote de juguete en plan chistoso, en su propia boda, es poco dable de esperar.

Querida amiga te mando un fuerte abrazo de año nuevo, en la confianza de que el orden en dirección a la justicia y a la feliz resolución de nuestros asuntos íntimos y colectivos, sea el norte de los buenos.

Mil besos.

Laura Huertas dijo...

¡Que bueno Laura! me encantó este artículo, por su pertinencia y por su relevancia. El tener que preguntarnos hasta qué punto las palabras refieren a las cosas o las crean queda clarísimo con tu ejemplo del "caos" y la "crispación". Ayer me llegó uno de esos mails inmundos que circulan en abundancia con una versión de aquella famosa fábula de la hormiga y la cigarra...aquel poderoso cuentito infantil moralizante, con su loa al trabajo y al esfuerzo personal (e individual)con el que taladraron y nos taladraron la inocencia (que también era estandarte del capitalismo que necesita millones y millones de hormigas y ninguna cigarra cantadora)pero que, más allá de la interpretación a lo Dorfman con su Pato Donald, podemos considerar hasta venigna formadora de la cultura del trabajo,se convertía en la versión vernácula, como ya te imaginarás, en un asqueroso panfleto rasista y xenófobo, donde las hormigas eran los buenos vecinos que pagan sus impuestos y las cigarras eran negros paraguayos y bolitas, vividores de planes del gobierno y que le usurpan a las pobres hormigas su parque, su plaza, su tierra con la connivencia de los políticos y los defensores de los derechos humanos...Un combo al mejor estilo fascista. La polisemia de las palabras y de los relatos.
Pero como "todo tiene que ver con todo" viene muy a cuento la frase del sabio abuelo de emeygriega (que ya la adopto) "te informo para tu gobierno"...para tu conocimiento, pero también es literal, en tanto para poder gobernarte, dirigir el sentido de tus acciones y de tus opiniones, es fundamental tener la información verás. Tanto si nos dicen que para recuperar el "órden" hay que reprimir, o si nos quieren convencer que los pobres son cigarras vagas y, encima, extranjeras, no podremos "gobernarnos" en base a nuestra realidad. Seguirán gobernando para ellos mismos los de siempre...empresarios, mafiosos o Presidentes "no electos".
Un placer el recorrido por tu blog.
Besos

Laura Esponda dijo...

Hola, Cristian.
Sí, hacía rato que no escribia acá porque estoy terminando mi primera novela y eso se está llevando poco a poco, una por una, todas mis neuronas!
Siempre estamos conectados!!

Lau: La lucha contra la palabra instaurada (en este caso desde los medios hegemónicos) es la más difícil por estos días (siempre lo ha sido en los cambios de época), porque está tan instalado que lo que dice el periodismo es "verdad" que el hecho de que todo el día estén taladrando con pedidos de orden y que no digan nada, por ejemplo, de la resolución de la jueza Arroyo Salgado de pedir la extracción de sangre de los "hijos" de Herrera de Noble o le den apenas espacio en su agenda al notición de la perpetua para Videla y Menéndez, es un hueso duro de roer... Esperemos la plena vigencia de la Ley de Medios para que estas cosas, poco a poco, empiecen a cambiar.

Querida Mariana: Ya el Griego (como llamaba Borges a Platón) hablaba del gobernante filósofo refiriéndose al conocimiento ligado al poder y también el tan mentado francés, el querido Miguelito Foucault habló, desde otro lugar, de esa relación. Es indudable que todo pasa por ahí, por eso ese paralelismo con la docencia y la enorme diferencia que hay entre "autoridad" y "autoritarismo" y entre "autoridad" y "demagogia".

Lali! Qué buena esa lectura de la famosa fábula! Qué bueno que existan todavía tantas cigarras porque son la voz de los poetas, de los cantantes populares, de los músicos! Cómo no van a querer que se muera de frío en el invierno si es la encargada de dar alegría y felicidad a las hormigas obedientes y trabajadoras. ¡A ver si se distraen y le hacen perder plata al patrón!
Me diste una idea para otra etiqueta del blog: Los contracuentos: un análisis de las historias que nos domesticaron en la infancia. ¿Cómo lo ves?

En fin, lo que digo siempre: con comentarios de este nivel, vale la pena seguir con este "proyecto" que comenzó hace casi un año y casi como un juego y que se ha convertido en una parte muy importante de mí.
Gracias a todos, gente!

Anónimo dijo...

Seamos nosotros los amos ya que no de nuestros destinos, al menos de nuestras palabras.
También elijo el conflicto antes que el orden, incluso elijo el caos antes que el orden o, como creo que te gusta a vos, elijo el laberinto que nos hace perder pero, al menos, tiene un orden.

Laura Esponda dijo...

No sé, amigo anónimo, el caos me provoca miedo más que vértigo. No me gusta estar parada en algo que no puedo manejar de algún modo. El laberinto, como diría el viejo, me parece el producto de una mente siniestra porque el laberinto es siempre artificial, es el producto de alguien que ha pensado un espacio exclusivamente para que los demás se pierdan. Tal vez por eso, este espacio, el del blog, se llame "y nadie encontró el laberinto", me encanta esa paradoja borgeana de que se pierda un lugar pensado para que los demás se pierdan...
Por otro lado, me gustaría que los "anónimos" se hicieran conocer en este laberinto para evitar perdernos. Aunque estos formatos permiten y uno debería seguramente aceptar el anonimato, a todos nos gusta, creo, y a mí particularmente, verle la cara a la gente con la que converso.
¿Puede ser?

Eleonora Eberle dijo...

Después de leer atentamente las distintas opiniones, me parece que como vos proponés, Laura, desde esta sección "las palabras y las cosas", ya es hora de que resignifiquemos dos palabras que fueron tan vapuleadas por los totalitarismos. Después de casi 30 años de democracia, "orden y disciplina" deberían ya poder usarse con sus connotaciones positivas, asociadas al trabajo, a los proyectos, a la autoridad.
Y se respeta a una figura de autoridad coherente que tiene un proyecto claro y un equipo ordenado en pos de realizar ese proyecto.
Que no nos quieran venir a imponer viejos fracasos, los lobos disfrazados con piel de ovejas (o de pastores, a juzgar por su nuevos modos de oratoria).
Yo quiero el orden, la armonía, la paz que proviene del diálogo, del consenso,de la sensibilidad por los problemas de los otros.
Yo quiero disciplina para crear, para trabajar, para mejorar juntos nuestra familia, nuestro barrio, nuestro país, nuestro mundo.
No prefiero el caos o el desorden, por favor, no quieran vender esa antinomia como la única opción a la represión, a la violencia. Yo creo en el orden que viene con la paz.
Y en este día "Paz a todos los hombre de buena voluntad".

Anónimo dijo...

Entiendo que hay una lectura en clave endémica argentina desconocida para mí, que, no sé si lamentablemente, no me permite comprender la vinculación cotidiana de sus palabras. Pero no es eso (creo que nunca ha sido eso) lo que me importa o me atrae de sus escritos, Doña Laura. Vamos a ver (como diría Ray Charles…) como se lo explico: siempre es otra cosa, una evocación histórica, un paralelismo cósmico… Uno recrea lo leído, lo transforma, lo deforma, lo reforma hasta que uno llega a esa “otra cosa” sin saber por qué. Mientras leía sus didácticas conclusiones (y alguna sentencia), han ido llegado a esta cabeza mía un poco cansada, ejemplos históricos de sociedades ordenadas, estructuradas, compartimentadas… Esparta, Roma (Roma es un ejemplo de intento de organización que duró 2.000 años), los imperios Inca y Azteca, y el mejor y más cercano paradigma, el comunismo. Fíjese lo que ha quedado: palabras en los libros de historia. Así, el caos, a imagen especular del Universo, gana siempre la partida. Sólo es cuestión de tiempo que la entropía se coma los alfiles, las torres, todos los peones (por supuesto), la dama, los dignísimos caballos, y deje por fin al rey, ya con artrosis, esperando el final sin sentido en un escaque aún más incierto que su propia e inane soledad… ¡Oh! ¡Cuánta razón tiene usted, querida amiga, cuando dice que no se puede obviar el conflicto! Pero… si eso es precisamente la realidad, el conflicto. Nos está permitido sólo navegar casi a ciegas entre los innumerables conflictos, contradicciones, desórdenes de nuestro yo y de nuestro entorno… ¡y sin embargo funciona! No nos debería preocupar en demasía ni el cosmos ni el kaos, lo importante es eso, que no nos debería preocupar. Pero el caos asusta, hemos sido educados con esquemas perversos (en el sentido usual que se le da a esta palabra en la ciencia), y nuestra concepción del Universo tiende a ser excesivamente simplista, y, por lo tanto, meridianamente equivocada. Nada es ni totalmente caótico ni totalmente ordenado. Mire usted, yo no estoy muy seguro (aunque comprendo su mensaje social) del acierto de su conclusión final. Si le tengo que ser sincero, no sé si quiero o puedo ser el amo de lo que digo, sospecho que el lenguaje, al menos el mío, tiene una vida propia, que nunca digo nada, que las palabras son las que me dicen.

En cualquier caso, reciba usted mi reconocimiento por su buen decir, que siempre es un placer leer sus pensamientos. Esto último, le ruego que no me lo confunda con la telepatía, usted ya me entiende.

Heriberón 500 mgs.

Laura Esponda dijo...

Si hay algo que me gusta de estas discusiones virtuales es, por un lado, la cantidad de lugares desde donde cada uno discute y, por el otro, el “orden” que imponen los tiempos virtuales que jamás se logra en las discusiones frente a frente (a las que, por otra parte, adoro por su desorden y, en muchos casos, por su caos)
Propuse la docencia como paralelismo para que repensemos el sentido de la palabra “orden” y surgieron tan excelentes comentarios que todavía estoy anonadada (palabra horrible si la hay) Desde la resignificación de una fábula de Lali hasta el sentido filosófico o literario del amigo anónimo… se van abriendo caminos que se bifurcan y líneas que podrían seguir al infinito si uno no se aburriera rápidamente y quisiera ya pasar a otra entrada como los tiempos virtuales (y no tan virtuales) lo exigen en realidad.
Ahora, la querida Lili/ Eleonora nos recuerda una enorme verdad: el caos no es la opción a la armonía o al orden. Al contrario, el caos es inacción y violencia (tanto desde el punto de vista filosófico como desde el más político y cotidiano) Y es que en medio del caos no se puede pensar. A eso apuntan “los lobos disfrazados con piel de oveja” de los que habla Lili. Por eso, yo también prefiero el orden, el que surge de la autoridad y que, como bien dice Lili, hay que diferenciar del “orden” que viene del autoritarismo. La autoridad viene de los otros; son los otros quienes me reconocen como autoridad. El autoritarismo lo impongo yo a través del miedo y la represión.
Después viene el querido poeta y nos habla de lo que evocan las palabras más allá del motivo coyuntural por el que fueron dichas y otra vez el sendero se bifura en mil senderos que se bifurcan en mil senderos…
Con respecto a su disentir, no creo que sea un disentir en verdad. Pensémoslo de este modo: Si escribo una carta con horribles faltas de ortografía porque no conozco el código, es una situación.En cambio, si conozco la norma y decido transgredirla, es otra situación muy distinta. En la primera, soy inconsciente del error; en la segunda, soy absolutamente consciente. Lo mismo pasa con lo que usted dice, amigo poeta. Uno puede ser consciente de que el lenguaje lo atraviesa más allá de cualquier esfuerzo por “dominarlo” o uno puede ser un colador que repite frases hechas sin darse la menor cuenta de que está siendo atravesado por el discurso del “amo”. Por eso me parece tan significativa esta escena de Alicia y el huevo autoritario, porque plantea la pregunta (sin respuesta, tal vez) de quién es el amo.
En definitiva, creo que la cuestión está en hacerse la pregunta más que en dar una respuesta.
(Ahora, y entre paréntesis, debo estar bastante loca para estar acá pensando, con la cabeza que me hierve con 37 grados de temperatura ambiente y despreciando esa pileta redonda que me llama a los gritos desde el fondo. ¡Prometo volver a terapia a la brevedad! Ja!)

Anónimo dijo...

¿Qué dice? No se le ocurra volver a terapia. Siga usted enloqueciendo. ¿De qué sirve la cordura?
Sí, también opino que "la cuestión" es formularse la pregunta.

En la parte meteorológica le comento que aquí estamos a 0º, es decir, no hace ni frío ni calor.

Que usted se refresque bien.

Heriberón 500 mgs

Lili Adán dijo...

Orden vs. caos. Qué interesante discusión! (la palabra disciplina prefiero dejarla de lado, resuena en mi cerebro junto a Mussolini ¿será por las “SS”? jaja)
De qué se habla cuando se habla de orden? Teniendo en cuenta los tiempos que corren pareciera que, implícitamente, está asociado a “seguridad” ó ¿statu quo?
Cómo es el orden que necesitamos? Estático y “conservador”? Un estado lineal sin sobresaltos? El que hace todo predecible? El que pone a cada cosa en su lugar? ¿su lugar…? El que no tiene espacio para el conflicto? El que clasifica? El que define malo/bueno, vereda par/vereda impar? El que decide mi libertad?
Por qué el caos es sinónimo de inacción y violencia? El caos es dinámico, vertiginoso, permite la innovación y la creatividad, exige pensar!!
Desde el macro al microcosmos, todo es un permanente caos en constante transformación!! Es estructura y desestructura a la vez. Es dialéctico!!
La mente es caótica, mientras logra ordenar palabras que sinteticen pensamientos para ser comunicados y también es caótica cuando decide poner en cuestión conductas aprendidas en la yerra (orden) para diferenciarlas de la mismidad.
Tal vez se trate de equidad y respeto, de amor y “enseñaje” entonces el orden surja por sí mismo, del propio caos.
Un fuerte abrazo!!

La Buena Pipa dijo...

Che, propongo hacer un blog de comentarios... ¡Están buenísimos!

"Orden orden orden" siempre me sonó a la magistralmente patética Señorita Noelia de Gasalla y "disciplina" siempre me supo (te regalo una sinestesia de fin de año) a un libro negro con letras doradas y un condenado piolín de terciopelo rojo que se firmaba cuando uno se comportaba como niño y no como proyecto de adulto en la primaria de comienzos de los '80 (yo siempre lo miré desde lejos porque era "esencialmente buena" pero era el instrumento de "poder" para poner orden)

La idea es no confundir "orden" y "disciplina" con "autoridad", que es el poder legitimado socialmente; mientras mantengamos claro el campo semántico, todo bien.

De cualquier manera, no olvidemos que en todo mito cosmogónico (incluyendo el Génesis, sin incurrir en herejía) el orden necesariamente parte del caos, es una consecuencia de éste, lo completa y lo justifica.

No maltratemos al caos, sin él no habría orden ni la posibilidad de volver a disfrutar del caos... otra vez.

Muy muy muy bueno. La Buena Pipa quiere más de palabras y de cosas.

Un beso a la tía Laura que hace mucho que no leo sus comentarios; me escribe siempre la filósofa o la chica de barrio, pero a la tía hace mil que no la veo.

LBP

Laura Esponda dijo...

¿Cero grado, poeta? ¿No quiere que le preste mi bolsita de agua caliente? Brrrrrrr!

Lo que pasa es que, en verdad, como dice mi amigo el poeta por acá arriba, no creo que exista algo parecido al "caos" en términos absolutos como tampoco creo que exista algo parecido al "orden". De eso se ocupan, como bien dice Nati, las cosmogonías y también algunas religiones en las que Dios sería el orden y el bien absoluto y enfrente estaría el mal como la ausencia de bien, etc, etc. Tengo un amigo que, cada vez que nos ponemos a discutir, me dice: "Definamos sustancia", por ejemplo, o "Definamos realidad". Y tiene razón. Ponerse de acuerdo con el sentido de las palabras es básico en la comunicación.
Creo, entonces, que si entendemos el caos como ausencia de orden, el caos no puede ser creativo. Una cosa muy distinta es que un momento de caos genere un acto creativo, pero, en el momento en que aparece una mente que ordena, selecciona, trabaja... ya no hablamos de caos. Sigo creyendo que en medio del caos no se puede pensar, mucho menos crear.

Querida Nati: Precisamente a eso apunta el título de la entrada: son los dichos del maestro Badía que daba clases en el San Martín en el aula de al lado en la que yo cursaba quinto grado. Son palabras del discurso escolar y que asociamos generalmente al autoritarismo. Sin embargo, muchos "caóticos" como yo deberíamos aceptar que si no nos "disciplinamos" a la hora de trabajar, incluso de "crear" (no seamos ingenuos: hasta André Breton tenía disciplina para escribir "caóticos" y oníricos textos y ni hablar de Picasso para pintar!) no podría siquiera empezar a hacerlo.
Por otro lado, es verdad y lo digo en el texto de la entrada también, el orden siempre fue una herramienta del poder para domesticar a los seres humanos. Les recomiendo para este tema el texto de José Pablo Feinmann en la contratapa del Página de hoy, pero fundamentalmente el del fascículo que viene con el diario que se llama: "Crítica de la razón imperial" En ésta, su segunda entrega, habla sobre la colonización de la subjetividad y el poder mediático en relación con la construcción del sujeto- otro. Cito un fragmento: "No hay nada natural en el mundo humano. El mundo humano es el orden que el hombre ha constituido. Dentro de ese orden el sometimiento es fundamental.(...) El poder es el orden. El poder existe para que el orden impere en las sociedades. El poder no puede permitir la realización de su opuesto: el desorden. Toda sociedad hace saber que el des-orden extremo de lo que ella es se castiga con la sangre." Y así va desmontando el concepto de "orden" o, mejor dicho, lo vuelve consciente para que lo repensemos. Y, más allá de algunos desacuerdos que siempre tengo con el amigo Feinmann, es un artículo que vale absolutamente la pena leer.

Además, querida Nati, (ya te lo comenté en el blog pero no quería dejar de hacerlo acá) me encantó la última entrada de "la mujer puente" y espero leer más tipos de mujeres en las próximas entradas!
En cuanto a la tía Laura, desde que se peleó con otra de las mías porque quería un blog que hablara del odio a la cebolla o del gym o de los buenos vinos... casi no aparece por acá. Pero la voy a buscar y le voy a pedir especialmente que venga para comentar en serio tu blog! jaja

firmin dijo...

¿eran las palabras o las cosas?
¿existe algo así como un orden (o dos clases, como dice el artículo) previo o se trata de un entramado que depende exclusivamente de la boca que escupe la palabrita?
duhalde hablando de orden es como aguinis hablando del respeto a los pobres. no creo que haya que molestar textos de semiología por esta cuestión menor. cuando hablamos de orden, por lo menos como lo escuchamos nombrar por estos días (asociado a todo otro grupo de palabras de las que ya han dicho largamente acá mismo antes), hablamos de disipar la presión de un sistema perverso.
y no.
ahora, ¿estamos discutiendo política sobre cadáveres? ¿daño colateral? debo tener un nivel de ingenuidad cada vez mayor, pero la foto de anibal y randazo con mauricio y montenegro (muertos tibios mediante) me heló la sangre.
¿alguien está pensando realmente en esas personas o se trata de cuidarse política y prolijamente el culito?

un ataque de escepticismo, sabrá comprender.
(y salud por eso de la novela, eh)

un abrazo

Laura Esponda dijo...

Qué bueno que sean los jóvenes los que nos bajan de un hondazo a la tierra. Es verdad. Tu pregunta inicial lo dice todo "¿eran las palabras o las cosas?" ¿Perdemos de vista las cosas cuando hablamos de palabras con tantas palabras? ¿Perdemos de vista la "realidad" cuando le ponemos tantas y tantas palabras al mundo? A veces me parece que sí. Y no.
Lo concreto es que esta entrada partió no de los hechos sino de una toma de posición sobre esos hechos y, entonces, quien dice la "palabrita" siempre habla desde algún lugar, como bien decís vos, Firmin.
También es cierto que entre el orden y el caos hay una gama infinita de grises y la política jamás será blanca o negra. Para hacer política hay que meterse en el barro y empezar a nadar con más fuerza para que no te entierren, me dijo una vez un compañero de militancia muchos años atrás. Creo que hubo un caótico histórico que quiso matar dos pájaros de un tiro. Esos pájaros se "aliaron" coyunturalmente y el tiro le salió al conspirador por la culata. No porque la resolución de los aliancistas sea exitosa sino porque no están dadas las condiciones para desestabilizar como lo hicieron con De la Rúa y con Alfonsín. De todas maneras, me parece inteligente de parte del gobierno el pacto realizado: un peso la ciudad, un peso nación. De este modo, ya le va a ser más difícil a Micky Vainilla echarle la culpa a los demás por la falta de inversión.
Pero sin lugar a dudas es como usted dice, doctor,en política la mayoría de las veces "se trata de cuidarse política y prolijamente el culito"
Lo suyo no es un "ataque de escepticismo" sino la mirada crítica necesaria para seguir avanzando. No caer en el dogma ni perder de vista esa mirada crítica no es escepticismo sino inteligencia política.
Un abrazo!

Laura Huertas dijo...

Creo que la riqueza de un debate se percibe cuando ya se agota, cuando no queda mucho por decir o cuando hasta empieza a aburrir porque se ha dicho todo…pero a la espera de la próxima entrada me vienen ganas de redondear poniéndome un poco más “ortodoxa” (y a mucha honra!!! como remató un amigo una vez, ja ja). Reafirmo con Laura que no existe un caos en abstracto ni un orden en abstracto, y retomando la de Feinmann: “El poder es el orden. El poder existe para que el orden impere en las sociedades. El poder no puede permitir la realización de su opuesto: el desorden”, me parece fundamental pluralizar también el poder…Ni el orden absoluto que se impone al caos absoluto de las cosmogonías, ni un único poder imperando en un orden ontológico. La cuestión es un orden para quién y para quién el caos. La bella imagen del tablero de ajedrez de Heriberón es muy sugerente, ese orden construido era para defender a ese rey melancólico y vencido por el caos que arrasó con todas las defensas; pero quedó otro rey sobre el tablero victorioso, y lo que para uno fue caos para el otro fue un orden creativo que lo llevó a plantear una partida exitosa.
En este enfrentamiento entre dos reyes (dos poderes) queda claro que el orden que defiende el poder del rey no beneficia a los peones que sucumben en el caos de la batalla. Peones de todos los ajedreces del mundo UNÍOS!!!! Para crear un nuevo orden contra el caos del poder….
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!!!!!!!

Laura Esponda dijo...

Grande, Comandante Lali!
Es verdad que tampoco el poder es ontológico pero cada vez es más innominado. En la Edad Media estaba claro "quién" detentaba el poder. El señor feudal, por ejemplo, tenía nombre y apellido("Disculpe el señor, se nos llenó de pobres el recibidor"). Ahora, el poder no tiene un rostro y, en ese sentido, parece sólo una abstracción imposible de superar. Sin embargo, creo con Lali, que son tiempos en que le estamos viendo el "rostro" si no al poder, a algunos de sus representantes. Hoy, por ejemplo, somos muchos más los que sabemos que no eran los militares quienes tenían el poder sino que fueron meros instrumentos de ese poder que está más allá y que es estrictamente económico. Hoy somos muchos más los que sabemos que el poder económico ya no necesita de los militares porque tiene el poder mediático come cerebros que es mucho más eficiente que las armas.
El poder no es EL poder sino que, como vos decís, Lali, depende de quienes lo detentan. Hay un poder político que siempre se ha subordinado al poder económico. Hoy parecería que eso quiere cambiar aunque sea muy tibiamente. Yo espero que así sea para que lo tibio se transforme en un proceso revolucionario real en que los peones accedan de una vez por todas, a la parte del tablero que les corresponde.

Anahí Mazzitelli dijo...

Pienso que el orden se somete al poder para sobrevivir al caos, mientras que el caos se somete al poder para sobrevivir al orden.
Orden y caos, ambos necesarios para garantizar y retroalimentar la conducta y la expresión humana.
Y quien imponga la norma, de alguna manera impondrá también la conducta.
Está en él y en su forma de imponer o conciliar, nuestra respuesta.
Beso Lau, gracias por ayudarme a pensar!