“Me encanta la gente que se queja, me cae bien. Para mí, abajo el optimismo, arriba la queja…”
La Tana Ferro
El personaje de la tana Ferro[1] como Sherlock Holmes, Frankenstein o Moby Dick, estuvo destinado a ser mucho más famoso que su creador e, incluso, más famoso que la película que le dio fama y popularidad desde el mismo instante de su gestación. Una pila de videos en Youtube, sus miles de seguidores en Facebook y la cantidad de referencias a sus frases que pueden encontrarse en la red y que ya son muletillas en la charla cotidiana, dan cuenta de un fenómeno particular como hacía rato no se daba en el cine argentino de los últimos tiempos. ¿Por qué un personaje como el de la tana Ferro, violento y adorable, antipático y genial, brutal y enternecedor, ha calado tan hondo en la sensiblidad de su público?
Sin lugar a dudas, la impecable interpretación de Valeria Bertuccelli, de una naturalidad y una transparencia que pocas veces se encuentra en una comedia dramática livianita y sin mayores pretensiones como la de Taratuto, es uno de los motivos fundamentales del éxito del personaje. Pero también el guión, por momentos brillante, de Pablo Solarz es otra de las maravillitas que ha colaborado en esta cuestión. Basta recordar las mejores intervenciones de la tana para valorar la importancia del guión en el éxito del personaje.
Pero por sobre todas las cosas, la tana Ferro se ha convertido en lo que es porque ha logrado de una manera fascinante y poco común la identificación de miles de mujeres que nos hemos visto reflejadas en sus reacciones no porque las expresemos a menudo o porque las hayamos expresado alguna vez, sino precisamente porque no nos hemos animado a expresarlas nunca o las hemos expresado con una culpa infinita en la convicción de estar lastimando “innecesariamente” al bobo o la boba que nos tocó en suerte en aquella ocasión. Es decir, la tana Ferro, al tiempo que se constituye en la bruja insoportable para los tantos maridos imbéciles y mediocres que andan por ahí, expresa también el deseo de muchas mujeres que, reprimidas o no, se vieron de pronto frente a un espejo que no sólo les daba la razón que nadie les había dado durante tanto tiempo sino que, además, las volvía gigantes.
Podrá discutirse después (no es ésa la intención en este espacio), la visión patriarcal que brinda la película acerca de las causas del “mal carácter” de la tana Ferro. Parecería que una mujer sólo puede reaccionar “violentamente” frente al orden instaurado si está “malatendida”, frustrada o encerrada todo el día en su casa… Pero el personaje va más allá del film y lo cierto es que ya nadie recuerda los supuestos motivos por los cuales la tana Ferro es así, sino que la tana Ferro es así: una mujer inteligente y transgresora que desobedece conscientemente el mandato social de mantener a toda costa la muy femenina “compostura” y las bárbicas apariencias en un medio en el que la mediocridad y la superficialidad, cada vez más naturalizadas, circulan avaladas por el siempre tan injustamente bien ponderado “sentido común”.
Con este breve homenaje, pues, a uno de los mejores personajes que ha dado el cine argentino en los últimos tiempos, no tengo otra intención que dar por inaugurada una nueva sección de este blog que llevará su nombre: “La tana Ferro” y que estará destinada a todo tipo de quejas: las comunes, las que sentimos a diario, las políticamente incorrectas, las que incomodan, las que nos hacen ver lo que no queremos ver, las que simplemente son justas, las que reclaman derechos cotidianos naturalizados e invisibilizados a fuerza de repetición y silencio ancestral… Todas las quejas serán bienvenidas para hacer de esta sección un espacio en el cual podamos encontrarnos con la tana Ferro que todos y todas llevamos dentro…
Espero estar a la altura de las circunstancias y llegar, aunque más no sea, a los escuálidos tobillos de esta tana enorme.
Hasta la próxima.










