Siempre me resultó problemático el 8 de marzo como el "Día internacional de la mujer". Por un lado, conmemora una masacre histórica de mujeres obreras y constituye un reconocimiento de la explotación y discriminación que el género femenino sufrió y sigue sufriendo desde siglos a lo largo y a lo ancho de todo el planeta; por el otro, en ese "reconocimiento" que se ha instaurado socialmente y tiene la misma importancia que el "día del amigo" o el tilingo e importado "día de los enamorados", una puede presentir el gesto paternalista del "macho" que te palmea el hombro y te dice desde su alta tarima: "Feliz día, muñeca".
Una vez más... las palabras y las cosas...
Por este tipo de paradojas, las mujeres tenemos con el lenguaje heredado una relación problemática que ha sido objeto de discusiones teóricas en todos los ámbitos de la cultura occidental(*).
Hay, muy (pero muy, tanto que me da vergüenza plantearlo de este modo) resumidamente, dos maneras de pensar la relación entre el lenguaje y el mundo. Podemos pensar que las palabras son re-presentaciones de las cosas o que las palabras son las cosas (En las letras de rosa está la rosa / Y todo el Nilo en la palabra Nilo). En la primera de las posibilidades el lenguaje no es más que un mero instrumento de comunicación, de nominación del mundo; en la segunda, el lenguaje es cuerpo y es memoria, es política y es identidad. Por eso, a la hora de pensarnos como sujetos del lenguaje y no como meros objetos, las mujeres nos encontramos frente a la paradoja de construir nuestra identidad en la tensión entre la necesidad de decir y la imposibilidad de hacerlo desde una palabra dictada que se siente como extranjera, como ajena al propio decir.
Este cuestionamiento profundo a los cimientos del lenguaje (que, desde otro lugar han cuestionado también las vanguardias de principios del siglo pasado como el creacionismo y el dadaísmo) es un debate que, a pesar del tiempo transcurrido, aún sigue dando que hablar: ¿Existe una percepción femenina diferente del modo de percepción masculino? ¿Esa diferencia de percepción determina de algún modo una "manera de decir femenina" que se diferenciaría del "modo de decir masculino"? Y es que a la hora de enfrentarnos al lenguaje heredado y, a través de él, a toda una cultura construida a través de siglos y siglos de dominación masculina, las mujeres sentimos que el lenguaje tal como nos atraviesa desde siglos, ya no nos dice, pero tampoco podemos ni sabemos cómo desprendernos de él. Y es por eso que nuestra identidad se construye en esa tensión permanente entre el decir y el no decir, entre el lenguaje y el silencio, entre la escritura y la página en blanco...
Una vieja consigna feminista de los setenta, "Alicia ya no", se constituyó en bandera de la lucha de género en honor a la película de Martin Scorsese Alicia ya no vive aquí (1974), en que una joven mujer salía al mundo con su hijo en busca de su identidad. Hoy, desde la problemática de género, las mujeres sabemos que "ya no" somos eso que la cultura construyó acerca de nosotras (Ya no somos las "muñecas" del "feliz día") pero también tenemos plena conciencia de que "todavía tampoco" sabemos muy bien qué somos ni encontramos cómo decirnos: nuestra identidad quizás se construye en la búsqueda, en ese límite entre el "ya no" y el "todavía tampoco".
Hay mucho por hacer, mucho por pensar, pero al menos ya hace tiempo que nos hemos dado cuenta. En ese "darse cuenta" está la clave para seguir sumando y seguir pensándonos desde nuestra percepción y nuestra concepción del mundo que no es (no tiene por qué ser) igual a la forma de percibir el mundo masculina. Construyamos nuestra identidad pues, no desde una engañosa igualdad de géneros, sino desde las diferencias: esa construcción nos permitirá valorar lo que somos por lo que hacemos y entender por qué debemos seguir exigiendo (ahora sí) la igualdad de derechos y obligaciones en todos los ámbitos de la cultura.
Los modos en que las mujeres han logrado sortear la prohibición y la censura a lo largo de los siglos cuenta con miles de maravillosos ejemplos que sería imposible detallar en este espacio. Como prueba de ello, mi homenaje en palabras de Galeano a una de las más creativas, tristes y poéticas de la batalla universal:
"Los pies de Yang Huani habían sido atrofiados en la infancia. A los tumbos caminó su vida. Murió en el otoño del 2004 cuando estaba por cumplir un siglo. Ella era la última conocedora del Nushu, el lenguaje secreto de las mujeres chinas. Este código femenino venía de tiempos antiguos. Expulsadas del idioma masculino que ellas no habían podido escribir, habían fundado su propio idioma, clandestino, prohibido a los hombres. Nacidas para ser analfabetas, habían inventado su propio alfabeto hecho de signos que simulaban ser adornos y eran indescifrables para los ojos de sus amos. Las mujeres dibujaban sus palabras en ropas y abanicos. Las manos que los bordaban no eran libres. Los signos, sí.”
Eduardo Galeano"Los pies de Yang Huani habían sido atrofiados en la infancia. A los tumbos caminó su vida. Murió en el otoño del 2004 cuando estaba por cumplir un siglo. Ella era la última conocedora del Nushu, el lenguaje secreto de las mujeres chinas. Este código femenino venía de tiempos antiguos. Expulsadas del idioma masculino que ellas no habían podido escribir, habían fundado su propio idioma, clandestino, prohibido a los hombres. Nacidas para ser analfabetas, habían inventado su propio alfabeto hecho de signos que simulaban ser adornos y eran indescifrables para los ojos de sus amos. Las mujeres dibujaban sus palabras en ropas y abanicos. Las manos que los bordaban no eran libres. Los signos, sí.”
Ahora sí: Feliz día para las mujeres y para los hombres que aman verdaderamente a las mujeres.
Hasta la próxima.
Hasta la próxima.
(*) La problemática oriental en cuestiones de género como las de otros tipos de sexualidades (homosexualidad, travestismo, transformismo, etc) son cuestiones pendientes aún en el debate teórico.