"En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui Pen, opta -simultáneamente- por todas..."
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domingo, 16 de septiembre de 2012

Bienvenida, Beatriz Sarlo, cuando nos hacés pensar...

Leo con entusiasmo en La Nación de hoy un artículo de Beatriz Sarlo que se titula: “La maldición argentina de ser hoy un representante de la clase media”. Y digo “con entusiasmo” porque me resulta un artículo inteligente, como la mayoría de las notas de esta reconocida intelectual. Porque ni bien empieza el artículo, ya tengo ganas de agarrar un lápiz para marcar aquello que me hace ruido o me gusta o en donde encuentro una cierta contradicción… Quiero decir, me entusiasma que me hagan pensar, discutir con quien me hace pensar, no con quien dice “conchuda”, “chorra”, “andate con Néstor”, “sobame el 44 % (sic) de ésta”,etc.
Contra muchos que salieron a denostar el artículo, yo quiero reivindicar de él algunos aspectos que no me parecen menores. En primer lugar, Sarlo reconoce abiertamente el odio de estos sectores cuando dice “se ha usado el lenguaje del odio contra los planes sociales y la asignación universal ("planes descansar" y "asignación para coger", entre otras frases), que no salió de la cabeza de Cristina, sino de una iniciativa presentada, hace años, por Elisa Carrió” (Eso sí, acá desconoce la diferencia entre planificar y ejecutar, un pequeño detalle, pero seguramente diría lo mismo en el primer peronismo, cuando se decía que las medidas de gobierno las había pensado Palacios, como si el hecho de su ejecución y de su puesta en marcha fuera una acción menor...)
La misma idea se repite en los tres párrafos finales y es algo que suscribo sin ninguna duda:
“Una vez más, éste es el drama. Detestar al kirchnerismo no produce política. Y hoy, en cualquier lugar del mundo, afirmar la primacía absoluta de los derechos individuales (yo hago lo que quiero con lo mío) es una versión patética y arcaica de lo que se cree liberalismo. 
Es injusto hacer responsables a los manifestantes de lo que les falta y les sobra a sus consignas. Su movilización indica que hay allí fuerzas dispuestas a jugar en el espacio público. 
La responsabilidad cae del lado de intelectuales y políticos que no articulamos una interpelación progresista, democrática y autónoma. No supimos escribir las cosas mejor que en Facebook.”
Otro acierto del artículo es, sin ninguna duda, el hecho de que no hay que minimizar la fuerza de las redes sociales ni banalizar el cacerolazo porque se convocó desde ese otro espacio comunicacional. De hecho, cuando a través de las redes surgió la famosa convocatoria de los oyentes de 678 allá por el 2009 todos lo vimos como un triunfo de la comunicación lateral frente a la centralidad de los medios. Supongo que acá pasó algo similar aunque con intereses contrarios: los “autoconvocados 678” pugnábamos por más política, mientras que los “autoconvocados” del jueves expresan la antipolítica a través del siempre efectivo “son todos chorros”, “que se vayan todos”, etc. De modo que no estoy de acuerdo en que se desestime o se niegue este modo de convocatoria sea del sector que sea. 
Como si esto fuera poco, reconoce también el dilema al que se enfrentan los caceroleros entre el modo de convocatoria “espontáneo” (las comillas son de ella) y una manifestación claramente política con consignas antipolíticas, pensamiento que escuché también en los programas de la TV pública a los que Sarlo llama "oficialistas".
Dicho esto, y acordando con su análisis de la contradicción entre los intereses de este sector y la falta de representación política con verdaderas propuestas superadoras por parte de la oposición, quiero discutir algunos conceptos que son los que me hacen ruido y no me permiten acordar del todo con mi querida ex profesora de Literatura argentina II de la universidad. 
Lo primero que me hace ruido es cierto uso de ciertas palabritas que ella usa a sabiendas de su fuerte carga semántica negativa por parte de la sociedad. Según ella, el periodismo “oficialista” (las comillas son mías) “hace una discriminación de clase para acusar a los manifestantes, como si las capas medias no tuvieran el derecho de presentar sus reclamos.”. Redondeo el término “discriminación” con mi lapicito y me pregunto si lo hace a propósito o nos toma en serio por tarados. Hasta el más ignorante sabe que la discriminación siempre se ha ejercido contra los más débiles y no contra los que más tienen. (Claro que el concepto de "débil" después de Lanata ha entrado en crisis de manera escandalosa) 
Pero esto no es todo, evidentemente quiero creer que habla por boca de ganso o gansa y que realmente no escuchó ni 678 ni Duro de domar ni TVR, programas en los cuales los panelistas, obviamente desde su estar del lado de enfrente de las consignas caceroleras, defendieron firmemente el derecho de estos sectores a manifestarse como más les guste. En este sentido, los invito a ver los programas por Internet para escuchar la rica discusión que se armó tanto en 678 como en Duro de domar con respecto a este problema. 
En el mismo planteo dice Sarlo: “La clase media no debe convertirse en una clase maldita. Conoce sus intereses tanto como los conocen los sectores populares. De ellos los separa un vacío: la ausencia de una política progresista que los exprese generosamente.” Y entonces cae en la contradicción o en la falacia de decir que toda la clase media estuvo el jueves representada en la plaza. Error. Olvida Beatriz que gran parte de la clase media apoyó y apoya este proyecto, de otro modo no se explicaría el 54 por ciento de los votos que obtuvo en las últimas elecciones y que se ven favorecidas por un amplio apoyo a la cultura, por los recientes créditos a la primera vivienda que están siendo sorteados en todo el país y el aumento del consumo (a pesar de la inflación) que viene favoreciendo la política económica no sólo en este sector sino también en las clases más necesitadas. 
Por último, quiero señalar la falacia de comparar a los indignados españoles que marchan contra un ajuste brutal contra los sectores más necesitados, con esta manifestación que, si bien es cierto que no ha salido a la calle sólo por el dólar, lo hace con consignas bien diferentes de las del otro lado del océano: golpe bajo, que juega con la inocencia de la gente que en su afán de parecerse al primer mundo le importa un pito si la comparan con una vaca flaca y desnutrida mientras esa vaca sea una  vaca rubia y europea. 
La otra falacia es la de equiparar “organización” y “aparato”, estrategia discursiva inteligente con la intención de que el lector asocie negativamente esta igualación semántica con el lema del gobierno: “Unidos, organizados y solidarios”. Dice Sarlo: “¿Por qué se sostiene el kirchnerismo? En primer lugar porque ocupa por completo, casi sin fisuras, el aparato administrativo y económico del Estado.” Lógico, para eso tuvo el 54 % de los votos…. ¿Qué es lo criticable de esta afirmación? ¿Que construya poder con la legítima representación de los votos? Sólo construyendo poder se puede ir contra el poder. Y ella lo sabe. Y continúa: “porque se apoya en una vasta organización territorial, que representa a ese Estado en los últimos rincones de la sociedad, donde viven los que más sufren y los que más necesitan.” Sinceramente, no veo lo malo que hace el gobierno kirchnerista en esta frase. De hecho, la “organización” es consigna en el gobierno y debería ser visto como algo bueno tanto la administrativa como la económica como la territorial. Y concluye: “El aparato kirchnerista no permite desbande ni desmadre…” Equiparar el “aparato”, que es necesario desmantelar sobre todo en el conurbano bonaerense y que con toda razón se ha ido cargando semánticamente de manera negativa a lo largo de todos los gobiernos peronistas, con la “organización”, estrategia sin la cual un Estado no podría gobernar, ni legislar, ni dictar sentencias, ni ejecutar, es como poco una trampa discursiva a las que nos tiene acostumbrados la intelectual. ¿O es casual que use la palabra “aparato” como “sistema” o “estructura” en la primera ocasión y en su sentido peyorativo, dos renglones después? No lo creo. 
Finalmente, quiero expresar que es un verdadero placer leer y discutir a Beatriz Sarlo, aunque ella nunca se entere. Claro que no siempre: no olvido las mediocres y soporíferas notas de Viva, la revista de Clarín, pero tampoco olvido sus clases en la Facultad ni sus seminarios sobre literatura argentina… 
Ni sus libros sobre la memoria, cuando hablaba bien de la necesidad de otro tipo de poder y hacía hincapié en la necesidad de recordar para construir el futuro. 
Hasta la próxima.

jueves, 5 de enero de 2012

Los silenciados que vosotros gritáis, gozan de buenos micrófonos.

Fue difundido antes de ayer el lanzamiento de la primera plataforma “para la recuperación del pensamiento crítico”  a cargo de un grupo de intelectuales liderados por Beatriz Sarlo en “contra” de Carta Abierta, según lo anuncia el titular de una noticia aparecida en La Nación del día de hoy, con foto y todo y sin ponerse colorado.
No es mi intención discutir las críticas de este grupo al gobierno ni las que esta primera plataforma establece contra los intelectuales de Carta Abierta (CA). Me interesa en especial reflexionar acerca de los motivos, causas o razones que, según argumenta el grupo, llevan a la ineludible "creación" de este "nuevo" espacio. En este humilde análisis no me propongo otra cosa que "intentar leer (este primer documento) más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan", tal cual reza la carta de principios de estos intelectuales anti- CA y anti-K.
“Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil”, comienza diciendo la plataforma como primera justificación de la necesidad de su creación y uno no puede menos que preguntarse de qué hablan estos intelectuales cuando hablan de “discurso hegemónico”. Inmediatamente, a  medida que uno avanza en la lectura de la carta, se percata de que con "discurso hegemónico” se refieren al discurso del gobierno, por lo que uno se sigue preguntando, cada vez más sorprendido, si en serio será un grupo de intelectuales quienes hablan de hegemonía del discurso o si, al menos, alguno de ellos habrá aprobado “Comunicación I” en alguna universidad del planeta. ¿De qué “hegemonía” estamos hablando? ¿De la de los medios que con tres tapas seguidas en contra de un presidente derrocaban gobiernos?, ¿de la de periodistas serviles al poder económico que aterrorizan a la población con corridas bancarias y financieras para desestabilizar el mercado?, ¿de la que, aliada a la dictadura cívico militar, se apoderó de papel prensa y nos hizo creer que la guerra de Malvinas estaba ganada mientras nuestros nenes morían muertos de frío? Ciertamente celebro la aparición de este grupo de intelectuales y su crítica (aunque un tanto tardía) a la hegemonía discursiva.
Continúan diciendo quienes no pueden hablar: “En síntesis, sostener nuestra capacidad y conciencia crítica y manifestarla, romper el silencio, como paso imprescindible hacia un accionar colectivo y transformador”. Sí, leyeron bien: “romper el silencio”. Si algo ha hecho la señora Beatriz Sarlo desde que es famosa como Susana Giménez o Mirta Legrand como muchos de sus amigos intelectuales, no ha sido otra cosa que “romper el silencio”. Particularmente la señora no ha parado de hablar desde los micrófonos del magazine de espectáculos que Tenenbaum conduce en las tardes de radio Mitre, ni ha parado de escribir desde el "prestigioso" diario La Nación todo lo que se le ha ocurrido decir y escribir sin que nadie haya intentado callarla desde ninguno de los lugares de poder oficial. Bienvenidas sean sus palabras, inteligentes y preclaras, pero eso sí: con nosotros no, Betty, no nos traten de estúpidos intentando hacernos creer que hoy "rompen el silencio" porque los silenciados que vosotros gritáis gozan de buenos micrófonos ayer, hoy y siempre. 
No recuerdo que crearan ningún grupo (y no escuchamos sus lindas vocecitas federales) cuando diarios nacionales, provinciales y municipales tuvieron que dejar de salir por el costo del papel ni con los periodistas muertos por la complicidad con la dictadura cívico militar de las corporaciones para las cuales trabajan muchos de ustedes, intelectuales-con-capacidad-crítica. Sí, ya todos sabemos: eso corresponde al pasado y muchos de ustedes están hartos de la dictadura que nada tiene que ver con este presente autoritario donde todo el mundo dice que no puede decir lo que dice, etc etc etc… Al respecto, les recomiendo un libro que se llama Tiempo pasado, de una tal Beatriz Sarlo (no sé si tendrá algo que ver con la señora de la foto que ilustra esta nota y la de La Nación) en el que la autora realiza un exquisito análisis de la incidencia de la memoria y del pasado en el presente y en el futuro y en la identidad de un país.
En fin, “romper el silencio” no fue una construcción muy feliz, señores. O ustedes son brutos, cosa que no creo en absoluto, o nos tratan de brutos a todos nosotros, los absolutamente incapacitados para “leer” la realidad.
Más adelante arremeten contra los intelectuales de Carta Abierta llamándolos “voceros del gobierno” que “han producido una metamorfosis en relación con su historia y su postura crítica.” Me pregunto por qué quienes apoyan la mayoría de las medidas de este gobierno son “voceros” y quienes transmiten las ideas de los medios opositores no son “voceros” de sus intereses económicos. Me pregunto por qué quienes trabajan en medios públicos lo hacen “por dinero” y quienes han pasado de las tristes aulas de Filosofía y Letras o Derecho de la UBA, a las pantallas de los medios privados, lo hacen por convicción… No sé, a veces se me ocurre (qué mal pensada) que intencionalmente dan vuelta el discurso…
Por último, aluden a la “construcción de un relato oficial, que por vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende…” y más adelante: “Este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad”.
Les propongo un ejercicio: cambiemos “relato oficial” por el de “relato de los medios hegemónicos”. Vengo escuchando el mismo argumento de las voces contrarias… Si eso no es dar vuelta el discurso y una muestra más de la falta de imaginación para argumentar… 
Saquémonos las caretas, señores. Lo cierto es que ya no podemos hablar estrictamente de "discurso hegemónico" en ninguno de los dos casos. Hace rato que Clarín no puede voltear a un gobierno con sus tapas y hace rato que La Nación o TN han perdido credibilidad en gran parte de la gente. La “gente”, ese concepto tan general como ineficaz para expresar la voluntad popular, ha podido desde 2003 en adelante confrontar discursos y evaluar por sí misma la realidad que construyen los medios a pesar de la desventaja en que los medios oficialistas se encuentran aún (a pesar de la nueva ley de medios audiovisuales), en relación con el mapa de los medios que pertenecen al grupo Clarín. Todos los que mínimamente hemos estudiado algo de comunicación sabemos que la realidad es discursiva y que la construcción que hacen los intelectuales de los medios “oficialistas” es tan creíble ahora como la del relato que construyen los intelectuales de los medios “opositores”. Lo importante es pararse en un lugar y explicitar el lugar de poder desde el que se habla (porque convengamos que la lucha entre los relatos no es más que la lucha por el poder) y todo esto ha sido posible (le guste o no a quien le guste o no) gracias al surgimiento de programas con un discurso enfrentado a los medios en ese momento hegemónicos que han sabido ganarse a un público que los siguió y que los sigue a pesar de los constantes ataques de sus competidores. No es casual que tanto la TV pública como Radio Nacional hayan aumentado sus audiencias en más de un 70% en relación con períodos anteriores. Algo necesitaba escuchar la gente que no estaba escuchando hasta ese momento.
Y así, continúan argumentos que bien podrían servir como fundamentaciones en contra de lo que ellos mismos dicen y hacen en los medios en los cuales trabajan y a los que son invitados con asiduidad. Vayan como ejemplo unos pocos: “La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada” (¿No es estigmatizar a los miembros de Carta Abierta llamarlos permanentemente “voceros oficiales”?) o “Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización…” (¿Alguien recuerda el magazine de Tenenbaum en Radio Mitre que continuó al programa de 678 en que intervino Sarlo o la “prontuarización” que muchos de estos intelectuales han hecho de Hebe de Bonafini sin tener la menor prueba en su contra?: “recorte de frases, repeticiones, burlas, prontuarización…”)
Finalmente, quiero insistir (ya he hablado de este tema en este espacio) en el hecho de que el conflicto, la confrontación de los relatos sobre la realidad que hoy en día circulan hasta en la mesa del comedor, contrariamente a lo que se nos quiere hacer creer, son de existencia indispensable para el desarrollo de una sociedad pensante y activa. 
Por eso, aunque pienso que se han demorado unas décadas, celebro la aparición de este “nuevo” grupo de intelectuales que puede ayudarnos a pensar confrontando y no deglutiendo un solo producto como lo hacíamos en el pasado. Sobre todo celebro la explicitación de su aparición, porque sabemos que su “aparición” data ya de bastante tiempo atrás. Aunque todavía no vemos muy explícitamente desde dónde se habla, estoy convencida de que muchos de nosotros podemos deducirlo gracias a que venimos discutiendo de política, de comunicación y de poder desde hace casi diez años.
Como decía anteriormente, la confrontación de los relatos acerca de la realidad no es más que la confrontación por el poder. Y el poder, concepto tan “estigmatizado” últimamente, por ejemplo, por periodistas como Nelson Castro cuando dicen que “el poder enferma” (1), es absolutamente necesario en los cambios de época. No está mal construir poder, como quieren hacernos creer quienes lo detentan. Sólo a través del poder se derroca al poder.  Bienvenida sea, entonces, la lucha por el poder y bienvenidos los intelectuales a la confrontación de relatos.
Luchemos, pues, discursivamente que, en democracia, es lo mejor que puede pasarnos.
Hasta la próxima.

(1) Si fuera verdad que el poder enferma, podríamos decir que enferma a quienes generan poder contra el poder, a quienes generan conflictos indispensables para poder crecer, si no, no hubiera llegado a viejo tanto hijo de puta que tuvo el poder militar avalado por el poder económico durante la dictadura cívico-militar... ¿O no, Nelson Castro?