"Cuidate, che", le dijo un amigo a Manuela mientras se despedían en la puerta de casa pocas horas antes de terminar el año que ya se fue. "Que me cuide de qué", preguntó Manuela con la ingenuidad disimulada de sus diecinueve años (porque si hay alguien que puede simular sorpresas en esta familia, ésa es Manuela) "¿Cómo que me cuide de qué?", se asombró genuinamente el pibe, "Claro... ¿eso es un saludo o una nota de TN sobre la inseguridad? ¿O es una propaganda contra el SIDA?", "¿Por qué no te vas a cagar?", se rió el amigo que aprovechó para darle otro beso y le acarició la cabeza porque se había quedado sin saludo...
Sin darse cuenta, Manuela subvirtió el sentido habitual de las palabras y las volvió nuevas. Y es que a veces el modo en que usamos el lenguaje está en estos tiempos (y en todos los tiempos) tan naturalizado que pocas veces nos detenemos a pensarlo como lo que realmente es cuando no lo pensamos: un instrumento de poder, de dominio, de domesticación. Y de pronto, nos sorprendemos repitiendo ciertos giros, ciertas maneras de "nombrar" la realidad, ciertas frases hechas que mamamos desde que nacimos que, si bien se han vuelto naturales por la fuerza de su repetición, en cuanto escarbamos un poco en su posible origen y su carga de significación literal o simbólica, sentimos que tal vez su uso y reproducción masiva no es ni tan casual ni tan ingenua como creíamos.
Por eso, los invito a frenar la máquina del lenguaje por unos segundos para que pensemos por qué usamos una fórmula de saludo que, en su origen, está ligada a una forma de advertencia en el mejor de los casos, incluso, de clara amenaza.
El "ciudate" es una forma de saludo relativamente nueva (quiero decir: cuando yo era chica o adolescente, incluso cuando era recién casada o cuando los chicos eran chiquitos, nadie saludaba a nadie con un "cuidate") Yo calculo que el giro comenzó a usarse de manera más masiva alrededor de los 90. No es casual que la generación que hoy circula por la década de los treinta sea en su mayoría quien ha incorporado a su vocabulario esta rara forma de saludar al vecino.
Supongo (que alguien me corrija si no) que tiene su origen en la traducción literal del "take care". Intuyo que más que de los ingleses, hemos heredado la expresión de los hermanos norteamericanos y, como todos sabemos, los norteamericanos viven desde sus orígenes, asustados. Son el mejor ejemplo de paranoia social que se conoce en el mundo entero. Obviamente, esto no es casualidad: durante siglos, el poder político de turno, aliado al poder económico, les ha hecho creer a los ciudadanos estadounidenses que vivían en permanente estado de guerra: con los indios, que querían conservar sus tierras; con los negros, que insistían en ser personas y querían recuperar su libertad, con los extraterrestres, con los rusos, con los iraquíes... incluso ahora también con el compañero de trabajo, con el vecino de al lado, con la maestra del nene: todos, absolutamente todos, pueden ser terroristas.... Por lo tanto, es lógico que los norteamericanos hayan incorporado el "take care" casi de manera natural a su lenguaje cotidiano.
Pero... ¿y nosotros?, ¿por qué hemos adoptado tan alegremente un saludo que, antes que un saludo, es un llamado a la paranoia? ¿Qué puede habernos "gustado" de esta alocución de despedida importada que, en lugar de desearnos algo agradable nos previene de un inexplicable "peligro"? ¿No es preferible que te digan: "que la pases lindo el resto del día", "que encuentres al amor de tu vida a la vuelta de la esquina", "que te ganes la lotería esta noche antes de ir a dormir" o los más simples: "que estés bien", "que sigas bien", "buena suerte"? Hasta los más clásicos y asépticos: "buenas noches", "hasta mañana", "mañana será otro día"... son preferibles al alarmante "cuidate" o el mucho peor: "cuidate mucho". Es que uno no puede andar por la vida cuidándose y mucho menos cuidándose mucho, sobre todo cuando el país en el que uno habita, por ahora, no está en guerra ni es Colombia como algunos pretenden hacernos creer...
¿Será que los hábitos que incorporamos a través del lenguaje no son sólo palabras? ¿Será que es verdad que el lenguaje es el instrumento ideal para generar una falsa conciencia del mundo y de la "realidad"? ¿ideal porque lo incorporamos sin filtros, como a través de una criba como bien notaba el personaje de Montag en Fahrenheit 451?
¿O será que no es así?
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