"En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui Pen, opta -simultáneamente- por todas..."
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viernes, 18 de enero de 2013

El último encuentro de Sándor Márai


Playa, sol, arena, mar cálido y transparente, clases de samba, mucho vóley, mucha paleta, caipirinhas y cervezas heladas a horas y a deshoras, caminatas: por la playa, por el morro para bañarse un poco de verde, una buena sombrilla y una reposera… ¿Qué más se puede  exigir de unas vacaciones después de un año de trabajo? Siempre puede haber algo más y ese algo más no puede ser otra cosa que un buen libro.
Así como el año pasado no salí por varios días de debajo de la sombrilla por leer la extraordinaria novela de Orham Pamuk, Me llamo Rojo, sobre la que ya escribiré algo algún día, este año me ha pasado algo similar con la impecable El último encuentro del húngaro Sándor Márai (1900- 1989).
El último encuentro es mucho más que la evocación nostálgica por parte de un general del ejército austrohúngaro de un pasado imperial en que los grandes pilares morales del antiguo régimen se han puesto en crisis en la decadencia del imperio. Es mucho más que una historia de traiciones y venganzas y es más también que el “encuentro” tan esperado como inevitable de dos viejos amigos que, ya ancianos, vuelven a reunirse en un viejo castillo de caza, cuarenta y un años después de la última gran cacería real que hubo por aquellos bosques, cuando algo pasó. Algo que provocó la huida de Konrad, el artista, y la necesidad del general por conocer la “verdad”… Ese “algo” instaura el  secreto y la imperiosa necesidad de contar. Habrá, entonces, alguien que dice y otro que escucha en su enorme callar…
Y digo que es mucho más que todo eso porque, en verdad, ese “algo” es lo que menos importa, porque la “verdad” suele estar siempre más cerca de la pregunta que de la respuesta. En este sentido, El último encuentro es la historia de quien se pregunta permanentemente acerca de la “verdad” y de lo que ello significa. Es la búsqueda de la identidad, de entender quiénes somos a partir de la relación con el otro.
Y El último encuentro es también la historia de la última cacería en que cazador y presa se confunden. ¿Quién es el cazador y quién la presa en esta última cacería consumada con precisión y delirio a lo largo de cuarenta y un largos años? ¿El general, cazador innato, que ha esperado más de cuatro décadas la llegada de su amigo “sin moverse, con una mirada sin expresión, cerrando un ojo, como los cazadores cuando tienen la presa en el punto de mira” o el artista que también ha sentido en sus manos “un temblor ancestral, tan antiguo como el hombre mismo, la disposición para matar, la atracción cargada de prohibiciones, […] ser más fuerte que el otro, más hábil, ser un maestro, no fallar. Es lo que siente el leopardo cuando se prepara para saltar, la serpiente cuando se yergue entre las rocas, el cóndor cuando desciende de las alturas, y el hombre cuando contempla su presa.”?
Última cacería que es rito y ceremonia, que es la reconstrucción fiel de la última cena compartida, cuando todavía vivía Krisztina, la esposa del general y el vértice del triángulo. Su espacio vacío en la mesa gritará a lo largo del diálogo lo no dicho. Por eso, El último encuentro representa también la eterna batalla del lenguaje contra el silencio, esa otra gran cacería en que se confunden el cazador y su presa: ¿Es el general cuya arma mortal es la palabra quien tiene en la mira a su presa o es el artista cuyo silencio apunta con la fuerza de una bala mortal?  Lo dicho y lo no dicho… Tal vez en ese intersticio, en ese hueco habite ese simulacro de lo real que llamamos “verdad”. Pero tal vez no…
Y una cosa más todavía: Una prosa impecable que vela y revela el secreto, una prosa a la luz de las velas azules que Nini, la vieja nana del general, pondrá en la mesa para la ceremonia final, una prosa aguerrida que lucha contra el silencio y la oscuridad, una reflexión sobre el sentido de la amistad, sobre el arte y la música, sobre las máscaras, sobre la condición humana y sobre la ancianidad y, obviamente, sobre el lenguaje, el silencio, la soledad y la muerte.
No se la pierdan.
Hasta la próxima.

viernes, 30 de diciembre de 2011

El recuerdo de aquella predicción

de la película Poetry de Lee Chang-dong
"A. recuerda un momento de su infancia (a los trece o catorce años). Caminaba sin rumbo una tarde de noviembre con su amigo D. No sucedió nada, pero ambos, en el mismo momento, intuyeron la infinidad de posibilidades que les aguardaban. O quizá podría decirse que lo que sucedió fue que tomaron conciencia de esas posibilidades.
Mientras caminaban en medio del aire gris y frío de la tarde, A. se detuvo de repente.
—Dentro de un año a partir de hoy —le anunció a su amigo— nos sucederá algo extraordinario, algo que cambiará nuestras vidas para siempre.
Pasó el año y el día señalado no ocurrió nada extraordinario.
—No importa —le explicó A. a D.—, sucederá dentro de otro año.
Pero pasó el segundo año y tampoco ocurrió nada. Sin embargo, A. y D. no se desanimaron. Durante todos los años del bachillerato siguieron conmemorando aquel día, no con una ceremonia, sino simplemente mencionándolo. Se encontraban en los pasillos del colegio, por ejemplo, y se decían:
—El sábado es el día.
No es que esperaran que sucediera un milagro, sino algo más extraño; con el paso del tiempo, ambos se habían apegado al recuerdo de aquella predicción.
Descubrió que también el futuro temerario, el misterio de lo que aún no ha ocurrido podía guardarse en la memoria. Y a veces tiene la sensación de que lo verdaderamente extraordinario era la ciega profecía adolescente de veinte años antes, el mismo presagio de lo extraordinario; su mente arrojándose feliz hacia lo desconocido. Lo cierto es que han pasado muchos años y todavía hoy, a finales de noviembre, se sorprende recordando aquel día.”
Paul Auster: La invención de la soledad.

Hay un extraordinario libro de Roland Barthes que habla de los códigos (y de la inutilidad de los códigos) a través de los cuales pasa nuestra subjetividad a medida que lee, y dice algo así como que hay momentos en los que uno, cuando está leyendo, inevitablemente levanta la vista del texto: se separa, se extraña, se siente arrobado o incomodado, y de pronto está ahí, queriendo decir algo que no sabe muy bien dónde volcar o dónde guardar… Y entonces, subraya, cuelga una frase en el margen, busca un papel y un lápiz o el procesador de textos que esté más a mano en alguna pantalla del orbe… Lo cierto es que después de ese rapto, de ese melodioso o furioso vuelo de la mente,  algo ha cambiado, y cuando regresamos al libro, ya no somos los mismos…
Leí esta novela de Paul Auster hace ya algunos años, pero el sábado pasado, cuando en Marca de radio, Eduardo Aliverti leyó al aire este pequeño fragmento (1), sentí que lo leía/ escuchaba por primera vez. ¡Y es que a veces las lecturas se dejan oír tanto mejor que cuando sólo están ahí para nosotros…! La voz de Aliverti hizo que levantara la vista del texto muchos años después de haber intuido que algo había en ese libro que se me estaba escapando. Tal vez se me estaba escapando precisamente para que alguna futura mañana de sábado, la voz de Aliverti me lo devolviera nuevo para que levantara la vista ahora y acá.
No hay peor tragedia que tomar conciencia de la infinidad de posibilidades que nos aguardan, nada más trágico que elegir un solo sendero del jardín: “En todos mis posibles late la imposibilidad.”, dice Feinmann que dice Heiddegger… Por eso, A. expresa el deseo de lo extraordinario: porque algo más tiene que haber que la insoportable estupidez de tener que elegir… Por eso también hace mucho más que expresarlo: al nombrarlo, lo materializa, lo construye, le da cuerpo y le da categoría de predicción, de “verdad revelada"...
Algo extraordinario, algo que cambiará la vida para siempre…  De eso se trata: decir el deseo, gritarlo, patearlo hacia adelante, nombrarlo sin ceremonias ni ritos, “simplemente mencionándolo”, porque mencionándolo, lo existo.
El recuerdo de aquella predicción es el recuerdo de la construcción de la esperanza por la esperanza misma, del deseo por el deseo mismo… Y qué otra cosa es el futuro que el hecho de arrojarnos año tras año a lo desconocido…
 El futuro será temerario o no será, será misterioso o no será, se guardará en la memoria o no vendrá. Tal vez la realización del deseo no sea otra cosa que su construcción, el recuerdo de la predicción de ese hecho extraordinario que algún día vendrá. O no. Después de todo, si viene o no es lo que menos importa...

Que este 2012 los encuentre recordando "aquella" predicción y construyendo nuevas para ser recordadas en algunos de los nuevos futuros, una y otra vez...
Hasta la próxima. 

(1) Pueden escuchar el fragmento de Paul Auster en la voz de Eduardo Aliverti en www.marcaderadio.com.ar (programa del 24 de diciembre de 2011, en la franja que va de 12 a 13 del mediodía) 

miércoles, 23 de marzo de 2011

Taller "El doble en la literatura y en el cine"

Todos los sábados de abril y mayo de 10.30 a 13.30 voy a dar un curso- taller en la UNQ y todos los miércoles de mayo y junio de 19 a 21, en el Espacio Y, lugar cultural(Mansilla 2982, Palermo). Les comento en qué consiste, qué vamos a leer y a proyectar y cuáles son los contenidos más importantes del taller. En la UNQ, la inscripción comenzó el 21 de marzo y permanecerá abierta hasta agotar vacantes. El curso comienza el sábado 9 de abril.

DESCRIPCIÓN GENERAL:
Desde el andrógino platónico hasta la realidad virtual, la clonación y la construcción de la “realidad” por parte de los medios masivos de comunicación, el tema del doble ha sido objeto de estudio de todos los tiempos. En el taller se abordará el análisis desde las diferentes áreas de la cultura (psicología, sociología, filosofía, comunicación, etc.) a través de algunos de los textos más representativos que han abordado el tema.
Los encuentros tendrán la modalidad de TALLER de trabajo, por lo que se recomienda la lectura previa de los textos a trabajar. En la UNQ tendremos tiempo de leer algunos textos en clase.
Se pondrán a disposición de los alumnos las películas que se comentarán y analizarán en el curso, en especial aquellas que son difíciles de encontrar en el mercado. Asimismo, se proyectarán fragmentos de dichos filmes durante los encuentros para resaltar aspectos particulares del análisis de las películas propuestas. 
CONTENIDOS:
Primera sesión: 
Presentación del curso: Las diferentes formas del “doble”: el desdoblamiento, el doppelgänger o los gemelos idénticos, la metamorfosis, el mito de Anfitrión o Disfraz, la mirada estereoscópica. Los signos del doble: la sombra, el espejo, el eco, la fotografía, la imagen, la ficción, el sueño, la muerte, etc. Breve recorrido histórico: del andrógino platónico a Hyde. La otredad y la mismidad, de “ser el otro” al “no ser”.
Se analizarán fragmentos literarios y se proyectarán fragmentos de películas que han trabajado el tema a lo largo de la historia
Segunda sesión:
La perspectiva sociológica: El desdoblamiento como reacción a la represión y a la censura. La perspectiva filosófica: el problema del mal. La perspectiva psicológica: el deseo. Los elementos fantásticos.
El lenguaje cinematográfico: del texto literario al texto fílmico: los modos de leer/mirar, los modos de producción y de representación. El “testigo”: la tercera mirada y la identificación del lector/ espectador.
Literatura: El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde (Robert L. Stevenson, Reino Unido, 1886)
Cine: El secreto de Mary Reilly (Stephen Frears, Estados Unidos, 1996)
Tercera sesión:
El problema del otro: otredad y alteridad. El doble en el espacio. Los modos de representación del espacio “doble” en el cuento y en el cine. La inefabilidad en el lenguaje y en el cine: ¿Cómo nombrar lo que no se conoce? El problema de la ajenidad y el reconocimiento de lo otro en el sí mismo. La focalización en la literatura y en el cine.
Literatura: “Casa tomada” (Julio Cortázar, en Bestiario, 1951)
                   “La casa de Asterión” (Jorge Luis Borges, en El Aleph, 1949)
Cine: Los otros de Alejandro Amenábar (Estados Unidos, 2001)
Cuarta sesión:
El problema de la identidad: El desdoblamiento y el doppelgänger: El pasaje de un mundo a otro. La repetición y la diferencia. La autoconsciencia en el cine y en la literatura. Primera aproximación al procedimiento del doble en la enunciación. El plano, el montaje, el encuadre: diferentes tipos y significaciones.
Literatura: “Lejana” (Julio Cortázar, Bestiario, 1951)
Cine: La doble vida de Verónica (Krzysztof Kieslowski, Francia- Polonia, 1991)
Quinta sesión:
La pregunta por el ser: el problema de la identidad. El doppelgänger: el espejo narcisista: Ser de a dos. Verse en el otro. El deseo de ser el otro: la máscara, el sueño, la ficción, la muerte. El deseo y la fatalidad. El número tres. Primer acercamiento al tema del “doble” en Borges.
Literatura: “La intrusa” (Jorge Luis Borges, El informe de Brodie, 1970)
Cine: Pacto de amor (David Cronenberg, Canadá, 1998)
Sexta sesión:
El doble en el enunciado y en la enunciación. La ambigüedad como estrategia narrativa. El problema de la voz/ mirada: ¿Quién habla/ mira en un texto? El pasaje de la voz narrativa.
Literatura: “Las babas del diablo” (Julio Cortázar, Las armas secretas, 1959)
Cine: Caché  (Michael Haneke, Francia, Austria, Alemania, Italia, 2005)
Séptima sesión:
El “doble” y el tiempo. La repetición al infinito. La memoria como reconstrucción- narración de la identidad individual y social, como “doble” del pasado. Obturación y ocultamiento de la información: Periodismo y ficción. Historia y ficción; realidad y discurso: ser lector/ escritor de la historia personal y social. Borges: del doble al no ser: Panteísmo, tiempo circular, eterno retorno. El tiempo narrativo en el cine y en la literatura.
 Literatura: “Tema del traidor y del héroe” Jorge Luis Borges, Ficciones, 1947)
Cine:Memento de Christopher Nolan (Estados Unidos, 2000)
 Octava sesión:
 El doble virtual. Realidad y virtualidad. El ser en los nuevos lenguajes: obsolescencia y perdurabilidad. La ficción científica en la literatura y en el cine.  Borges: de la Enciclopedia británica a Internet.
Literatura: “El jardín de senderos que se bifurcan” (Ficciones, 1947)
Cine:   Matrix  de los hermanos Wachowski, (Estados Unidos, 1999)

Para más información pueden dirigirse, en el caso de la UNQ, al box 11 del hall central de la universidad o por teléfono a la Secretaría de Extensión Universitaria (4365-7168) de lunes a viernes de 12 a 18. También pueden hacerlo por mail a secretaria_extension@unq.edu.ar   En el caso de Espacio Y, por  teléfono o por fax al 4962-9402 o por mail a  espacioylc@yahoo.com.ar

AGRADEZCO PROFUNDAMENTE LA DIFUSIÓN DE ESTA ACTIVIDAD.


LOS ESPERO!! 

lunes, 22 de marzo de 2010

Presentación del libro "Pájaros rojos": Para que la Memoria les duela

"No hay nada más invisible que un monumento"
Robert Musil
"Hoy vi una mano helada
que mecánicamente movía
el reloj y cerraba los libros"
Graciela Pernas Martino

Con motivo de la conmemoración del Día de la Memoria, fui invitada en el día de hoy al Colegio Nacional de La Plata para ser oradora en la presentación del libro de dibujos y poemas Pájaros rojos de Graciela Pernas Martino, detenida desaparecida, secuestrada en su domicilio a los 20 años de edad junto con su marido, Julio Poce, en octubre de 1976.
Es la cuarta vez que, junto a la querida Ñeca, su madre, y Ayelén Oliva, una joven de 22 años que fue la primera que se propuso llevar a cabo este proyecto, presentamos el libro en diferentes ámbitos de la Cultura. Pero esta presentación fue, entre todas, la más especial. Tal vez porque Graciela fue exalumna del Nacional o porque fue compañera de clase de Gustavo Oliva, su actual director, que se emocionó con el recuerdo en el discurso de apertura del acto, o tal vez porque el público, adolescente en su gran mayoría, le hizo un huequito a Graciela, entre butaca y butaca, para invitarla a escuchar... No sabría precisar exactamente por qué, pero hoy pude sentir que Graciela estaba realmente allí, más presente que nunca en ese enorme salón de actos casi como si fuera una alumna más.
Tal vez colaboró también la presencia de su hermano, Pablo Pernas, que vive actualmente en España, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de Familiares y miembros de la APDH de La Plata, para que esta presentación se constituyera hoy y aquí en un verdadero acto de Memoria.
Participé en la gestación de este libro casi de manera casual y jamás pensé que el proyecto crecería y se multiplicaría de la manera en que lo hizo y en que lo sigue haciendo en este casi año y medio que ha pasado desde su primera edición: El libro ha sido declarado de interés cultural por la Legislatura porteña, el Ministerio de Educación de la Nación lo ha recomendado en los programas de las escuelas secundarias, el Ministerio de Educación de la Pcia de Buenos Aires se ha encargado de la edición y de su distribución en todo el país... Y más, todavía mucho pero mucho más...

Recuerdo que en su momento, escribí para la contratapa del libro: ""Hay dolores que han perdido/ la memoria y no recuerdan/ que son dolores", dice Graciela en uno de sus poemas como presagio revelador de este tiempo de memorias fracturadas..." Hoy ya no diría "fracturadas", hoy mejor debería decir ignoradas, vapuleadas, burladas, bastardeadas...
Hace unos días escuchaba a un conocido periodista de radio y televisión cuando le preguntaba a un colega otrora progresista, por qué era feriado el 24 de marzo, qué había pasado ese día... El otrora progresista colega muy seriamente y como si fuera lo más natural del mundo olvidar, le contestaba sin ninguna sorpresa esa pregunta que hoy, en esta coyuntura específica, no puede resultar más que una burla siniestra, porque... yo me pregunto: ¿qué comunicador que se precie de tal puede en el día de la Memoria perder de esa manera la memoria...? No, no nos engañemos, no es que pierda la memoria: el supuesto "olvido" de este supuesto comunicador no es en estos momentos para nada casual. En un tiempo en que los responsables de los más horrorosos crímenes de lesa humanidad están siendo juzgados y encarcelados, en momentos en que las Abuelas están recuperando nietos que se muestran felices por saber quiénes son, en momentos en que las mismas Abuelas continúan su lucha contra un sistema judicial que, aliado a los grupos económicos, les niega el derecho a saber quiénes son sus nietos, en tiempos como éstos, digo, no es para nada casual que salgan a la luz estos supuestos "deslices del olvido".
Porque la verdad es que la Memoria les duele y les duele porque es la única capaz de poner en evidencia la contradicción y el abuso, el ocultamiento y la mentira, la desinformación y la cretinidad... Para quienes tenemos Memoria, para quienes no vamos a dejar que nos la "desaparezcan" ni un periodista ni una radio, ni la dueña de una radio, ni el carnicero de la esquina, fechas como ésta representan un verdadero desafío a nuestra inteligencia y a nuestra creatividad.
Por eso y contra los que simulan olvidos, hoy, como les decía, la presentación del libro de poemas de Graciela Pernas Martino en el Colegio Nacional de La Plata fue un verdadero acto de memoria. Y cuando hablo de "verdadero acto de memoria" lo estoy oponiendo a otros supuestos actos de memoria que no hacen más que hacer crecer a pasos agigantados el olvido y la indiferencia y que formulan un pasado muerto, tal vez heroico, pero muerto al fin, obturado, sellado, que se recuerda porque es políticamente correcto recordar, porque se debe recordar. Quien obliga a la memoria provoca la más siniestras de las formas del olvido porque vuelve museo o convierte en monumento un hecho que fue esencialmente presente vivo, lo que hace es momificar el pasado, invisibilizarlo, borrarlo, volverlo rutina, dictado, lección: ¿qué más invisible que el Himno obligado en un acto escolar? ¿Qué más invisible que un acto escolar?
Con Pájaros rojos, en cambio, Graciela se presentó hoy en el Colegio Nacional de La Plata para devolvernos la memoria, la memoria de un pasado en todo su presente, la memoria del instante en que la voz que habla en estos textos ama, sufre, canta o reclama justicia, se angustia y tiene miedo, susurra, habla fuerte o grita a todo pulmón ... No es más que una voz en la que cualquiera de nosotros, en la que cualquiera de los adolescentes que estaban hoy presentes en ese salón de actos, puede reconocerse. ¿Cuántos de ellos escribirán poemas o cuentos o encontrarán en el dibujo o la pintura, en la escultura o en la música el modo de buscar y de encontrar su lugar en el mundo? Claro, no guardarán sus creaciones en una pequeña caja como Graciela, las guardarán en archivos de computadora o en blogs o en alguna nota de Facebook... Es cierto, los modos de producción y de almacenamiento han cambiado desde los tiempos de Graciela, pero lo que no ha cambiado, lo que de ninguna manera ha cambiado es la necesidad de expresarnos a través del arte. Y el arte es un lugar privilegiado para reconstruir la Memoria porque el arte nos mueve y nos conmueve, nos une y nos reúne y nos hace partícipes de un texto que aún no se acaba, que está en permanente construcción y en permanente presente, en constante proyección hacia ese futuro que comenzó hace tiempo ya.
Ahora que es tan fácil hablar de "violencia", ahora que se dice que es "violento" extraer de una vivienda un peine o un cepillo de dientes para saber la verdad, en que se ha banalizado la significación de esa palabra de manera tal que resulta "violento" obligar a un ser humano a conocer su identidad, los poemas de Graciela vienen a recordarnos la verdadera violencia, la de las vidas jóvenes cercenadas a golpes de picanas, la de los animales que se la llevaron a patadas, con toda la prepotencia de su ignorancia y de sus armas, un día de octubre de 1976.
Graciela tenía apenas 20 años.
Pasado mañana se cumplen 34 años del golpe cívico- militar más sangriento de la historia argentina. Que no sea una efemérides más del calendario escolar. Recordemos lo que somos capaces de recordar y traigamos nuestros recuerdos al día de hoy, porque el pasado ilumina nuestra mirada sobre el presente, y lo que seamos capaces de ver hoy será nuestro recuerdo de mañana. Que nadie nos diga qué debemos recordar ni qué debemos mirar. Miremos desde la razón y desde la memoria. Comprometámonos con ella. Resignifiquémosla.
Hagamos pues: Memoria.
Hasta la próxima.

domingo, 7 de marzo de 2010

Mujeres y lenguaje

Siempre me resultó problemático el 8 de marzo como el "Día internacional de la mujer". Por un lado, conmemora una masacre histórica de mujeres obreras y constituye un reconocimiento de la explotación y discriminación que el género femenino sufrió y sigue sufriendo desde siglos a lo largo y a lo ancho de todo el planeta; por el otro, en ese "reconocimiento" que se ha instaurado socialmente y tiene la misma importancia que el "día del amigo" o el tilingo e importado "día de los enamorados", una puede presentir el gesto paternalista del "macho" que te palmea el hombro y te dice desde su alta tarima: "Feliz día, muñeca".
Una vez más... las palabras y las cosas...

Por este tipo de paradojas, las mujeres tenemos con el lenguaje heredado una relación problemática que ha sido objeto de discusiones teóricas en todos los ámbitos de la cultura occidental(*).
Hay, muy (pero muy, tanto que me da vergüenza plantearlo de este modo) resumidamente, dos maneras de pensar la relación entre el lenguaje y el mundo. Podemos pensar que las palabras son re-presentaciones de las cosas o que las palabras son las cosas (En las letras de rosa está la rosa / Y todo el Nilo en la palabra Nilo). En la primera de las posibilidades el lenguaje no es más que un mero instrumento de comunicación, de nominación del mundo; en la segunda, el lenguaje es cuerpo y es memoria, es política y es identidad. Por eso, a la hora de pensarnos como sujetos del lenguaje y no como meros objetos, las mujeres nos encontramos frente a la paradoja de construir nuestra identidad en la tensión entre la necesidad de decir y la imposibilidad de hacerlo desde una palabra dictada que se siente como extranjera, como ajena al propio decir.
Este cuestionamiento profundo a los cimientos del lenguaje (que, desde otro lugar han cuestionado también las vanguardias de principios del siglo pasado como el creacionismo y el dadaísmo) es un debate que, a pesar del tiempo transcurrido, aún sigue dando que hablar: ¿Existe una percepción femenina diferente del modo de percepción masculino? ¿Esa diferencia de percepción determina de algún modo una "manera de decir femenina" que se diferenciaría del "modo de decir masculino"? Y es que a la hora de enfrentarnos al lenguaje heredado y, a través de él, a toda una cultura construida a través de siglos y siglos de dominación masculina, las mujeres sentimos que el lenguaje tal como nos atraviesa desde siglos, ya no nos dice, pero tampoco podemos ni sabemos cómo desprendernos de él. Y es por eso que nuestra identidad se construye en esa tensión permanente entre el decir y el no decir, entre el lenguaje y el silencio, entre la escritura y la página en blanco...
Una vieja consigna feminista de los setenta, "Alicia ya no", se constituyó en bandera de la lucha de género en honor a la película de Martin Scorsese Alicia ya no vive aquí (1974), en que una joven mujer salía al mundo con su hijo en busca de su identidad. Hoy, desde la problemática de género, las mujeres sabemos que "ya no" somos eso que la cultura construyó acerca de nosotras (Ya no somos las "muñecas" del "feliz día") pero también tenemos plena conciencia de que "todavía tampoco" sabemos muy bien qué somos ni encontramos cómo decirnos: nuestra identidad quizás se construye en la búsqueda, en ese límite entre el "ya no" y el "todavía tampoco".

Hay mucho por hacer, mucho por pensar, pero al menos ya hace tiempo que nos hemos dado cuenta. En ese "darse cuenta" está la clave para seguir sumando y seguir pensándonos desde nuestra percepción y nuestra concepción del mundo que no es (no tiene por qué ser) igual a la forma de percibir el mundo masculina. Construyamos nuestra identidad pues, no desde una engañosa igualdad de géneros, sino desde las diferencias: esa construcción nos permitirá valorar lo que somos por lo que hacemos y entender por qué debemos seguir exigiendo (ahora sí) la igualdad de derechos y obligaciones en todos los ámbitos de la cultura.
Los modos en que las mujeres han logrado sortear la prohibición y la censura a lo largo de los siglos cuenta con miles de maravillosos ejemplos que sería imposible detallar en este espacio. Como prueba de ello, mi homenaje en palabras de Galeano a una de las más creativas, tristes y poéticas de la batalla universal:

"Los pies de Yang Huani habían sido atrofiados en la infancia. A los tumbos caminó su vida. Murió en el otoño del 2004 cuando estaba por cumplir un siglo. Ella era la última conocedora del Nushu, el lenguaje secreto de las mujeres chinas. Este código femenino venía de tiempos antiguos. Expulsadas del idioma masculino que ellas no habían podido escribir, habían fundado su propio idioma, clandestino, prohibido a los hombres. Nacidas para ser analfabetas, habían inventado su propio alfabeto hecho de signos que simulaban ser adornos y eran indescifrables para los ojos de sus amos. Las mujeres dibujaban sus palabras en ropas y abanicos. Las manos que los bordaban no eran libres. Los signos, sí.”
Eduardo Galeano

Ahora sí: Feliz día para las mujeres y para los hombres que aman verdaderamente a las mujeres.
Hasta la próxima.

(*) La problemática oriental en cuestiones de género como las de otros tipos de sexualidades (homosexualidad, travestismo, transformismo, etc) son cuestiones pendientes aún en el debate teórico.

martes, 12 de enero de 2010

Tan triste como él: un texto a partir de la lectura de "Tan triste como ella" (*) de Juan Carlos Onetti

No importa, no queremos saber de qué estamos hablando. Si de J.C.O o del hombre o de Mendel... Si de la querida Tantriste o de ella... No queremos saber si en la garganta el sabor del hombre o el Smith and Wesson sin temperatura humana entre los dientes.
No es fácil navegar entre dos aguas para ningún narrador.
Lo cierto es que no eras vos cuando sin franqueza ni mentira, él te miraba. Estabas ya más muerta que una desconocida cuyo nombre no nos llegó nunca.
“Tanto terreno y no sirve para nada”, te dijo aquel día. ¿Tanto te odiaba que te quitaba el jardín, la infancia, lo único que te conectaba con el sueño? No podías reemplazarlo con peceras ni poceros. Ni con los músculos impotentes de uno, ni con la sumisión y el hartazgo del otro. Ni siquiera el viejo que te hablaba de flores moribundas, ese viejo que mira y soporta... como vos, como él, como nosotros que estamos navegando la tercera orilla.
Ni las cinacinas que dejaste que penetraran tu piel como no dejaste aquella noche que él te penetrara. Apenas pequeñas muertes, pequeños orgasmos y la imposibilidad del par.
Conocías el rencor, las ganas de dañarte del hombre. Los años, treinta y dos, le habían enseñado la inutilidad de toda esperanza de comprensión: ¡Y ya habían hablado tanto de eso! ¡Tantas veces tuviste que escucharlo! Muchas menos veces que los impulsos suyos, sin embargo, de volver al tema. Después de todo es un varón, lleva su nombre y él lo mantiene. No olvides que tendrá que educarlo y es hijo de Mendel: ¿Tenías que humillarlo de tal modo? “Putita astuta”, te dijo. “Mierda”, dijiste.
El cemento se extendía sobre la tierra y tus recuerdos, cuando te dijo que vigilaras el trabajo de los poceros. Y entre el cemento y las cinacinas soñabas sexo y muerte, muerte y sexo.
¿Cuándo fue que decidiste volver al sueño? Descalza e hinchada, caminando hacia la luna, mujer llena... como vos. ¿Tenía el caño del viejo revólver el sabor de aquel hombre?
En todo caso es tu culpa: tardaste más en morir que las palabras.
En todo caso, es su culpa: él nunca miró de frente tu cara. Nunca te mostró la suya.

(*) ONETTI, Juan Carlos (1994): "Tan triste como ella", en Cuentos completos, Buenos Aires, Alfaguara.