"En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts´ui Pen, opta -simultáneamente- por todas..."

domingo, 18 de abril de 2010

La cinta blanca o el desafío de abrir las puertas

Si en Caché (Escondido), Michael Haneke desafiaba la mirada y nos hacía preguntarnos permanentemente quién mira a través de esa lente que no nos lleva de las narices para indicarnos qué mirar o qué focalizar, en esta cinta en blanco y negro, La cinta blanca (Das weisse bande), el director austríaco vuelve para desafiarnos otra vez el mirar y el escuchar y, como siempre, el sentir. Si en Caché se nos ocultaba el ojo, acá lo que se oculta es lo mirado. Desde la ausencia de color hasta el fuera de campo casi obsesivo, La cinta blanca es una fiesta para los sentidos pero también y sobre todo un desafío a la inteligencia y a la competencia cinematográfica del espectador: Desde Tarkovsky a Bergman hasta Shyamalan en El bosque o, incluso la inolvidable Village of the Damned de John Carpenter, las reminiscencias de La cinta blanca cliquean la memoria del cinéfilo y lo invitan a una variada red intertextual.
Un pueblito protestante en Alemania en 1913, la voz en off del maestro que intenta comprender lo que pasó muchos años después: una serie de sucesos extraños: el accidente del médico, el de la campesina, el secuestro y la tortura del hijo del barón, el incendio del granero, el que aparece ahorcado en un galpón... El pastor, los hijos del pastor... y el huevo de la serpiente, la pregunta por la Historia desde la historia...
Pero la película no da respuesta alguna. Haneke invita una vez más al espectador a la mudez que da paso al pensamiento y a la pregunta por la pregunta de la pregunta. La cinta blanca abre puertas porque las cierra a la mirada: como la escena del castigo corporal: cámara fija y puerta cerrada o la del campesino cuyo llanto por su esposa muerta nos llega desde detrás de una pared, o el piano de la baronesa que se adelanta a lo visual y nos instala en el límite entre lo diegético y lo extradiegético. Todo está pero no se ve, todo se sabe desde el principio pero nadie hay detrás de ese ojo para que nos lo confirme. Todo es y no es...
Así, La cinta blanca es un policial, y no; es suspenso y es terror, y no; es una pregunta por el origen de la maldad, y no... Es todo eso y mucho más: es bellísima fotografía y es excelente actuación, es narración que crece a pasos agigantados y es plano fijo en el final que, como en Caché, es la mirada que vela el mirar, es la puerta que se abre...
La cinta blanca se estrena el jueves 22 de abril. No se la pierdan.

sábado, 17 de abril de 2010

La ternura y el espanto...

SI DULCEMENTE

si dulcemente por tu cabeza pasaban las olas
del que se tiró al mar/ ¿qué pasa con los hermanitos
que entierraron?/¿hojitas les crecen de los dedos?/¿arbolitos/
[otoños
que los deshojan como mudos?/en silencio

los hermanitos hablan de la vez
que estuvieron a dostres dedos de la muerte/sonríen
recordando/aquel alivio sienten todavía
como si no hubieran morido/como si

paco brillara y rodolfo mirase
toda la olvidadera que solía arrastrar
colgándole del hombro/o haroldo hurgando su amargura
[(siempre)
sacase el as de espadas/puso su boca contra el viento/

aspiró vida/vidas/con sus ojos miró la terrible/
pero ahora están hablando de cuando
operaron con suerte/nadie mató/nadie fue muerto/el enemigo
fue burlado y un poco de la humillación general

se rescató/con corajes/con sueños/tendidos
en todo eso los compañeros/mudos/
deshuesándose en la noche de enero/
quietos por fin/solísimos/ sin besos

Juan Gelman

lunes, 22 de marzo de 2010

Presentación del libro "Pájaros rojos": Para que la Memoria les duela

"No hay nada más invisible que un monumento"
Robert Musil
"Hoy vi una mano helada
que mecánicamente movía
el reloj y cerraba los libros"
Graciela Pernas Martino

Con motivo de la conmemoración del Día de la Memoria, fui invitada en el día de hoy al Colegio Nacional de La Plata para ser oradora en la presentación del libro de dibujos y poemas Pájaros rojos de Graciela Pernas Martino, detenida desaparecida, secuestrada en su domicilio a los 20 años de edad junto con su marido, Julio Poce, en octubre de 1976.
Es la cuarta vez que, junto a la querida Ñeca, su madre, y Ayelén Oliva, una joven de 22 años que fue la primera que se propuso llevar a cabo este proyecto, presentamos el libro en diferentes ámbitos de la Cultura. Pero esta presentación fue, entre todas, la más especial. Tal vez porque Graciela fue exalumna del Nacional o porque fue compañera de clase de Gustavo Oliva, su actual director, que se emocionó con el recuerdo en el discurso de apertura del acto, o tal vez porque el público, adolescente en su gran mayoría, le hizo un huequito a Graciela, entre butaca y butaca, para invitarla a escuchar... No sabría precisar exactamente por qué, pero hoy pude sentir que Graciela estaba realmente allí, más presente que nunca en ese enorme salón de actos casi como si fuera una alumna más.
Tal vez colaboró también la presencia de su hermano, Pablo Pernas, que vive actualmente en España, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de Familiares y miembros de la APDH de La Plata, para que esta presentación se constituyera hoy y aquí en un verdadero acto de Memoria.
Participé en la gestación de este libro casi de manera casual y jamás pensé que el proyecto crecería y se multiplicaría de la manera en que lo hizo y en que lo sigue haciendo en este casi año y medio que ha pasado desde su primera edición: El libro ha sido declarado de interés cultural por la Legislatura porteña, el Ministerio de Educación de la Nación lo ha recomendado en los programas de las escuelas secundarias, el Ministerio de Educación de la Pcia de Buenos Aires se ha encargado de la edición y de su distribución en todo el país... Y más, todavía mucho pero mucho más...

Recuerdo que en su momento, escribí para la contratapa del libro: ""Hay dolores que han perdido/ la memoria y no recuerdan/ que son dolores", dice Graciela en uno de sus poemas como presagio revelador de este tiempo de memorias fracturadas..." Hoy ya no diría "fracturadas", hoy mejor debería decir ignoradas, vapuleadas, burladas, bastardeadas...
Hace unos días escuchaba a un conocido periodista de radio y televisión cuando le preguntaba a un colega otrora progresista, por qué era feriado el 24 de marzo, qué había pasado ese día... El otrora progresista colega muy seriamente y como si fuera lo más natural del mundo olvidar, le contestaba sin ninguna sorpresa esa pregunta que hoy, en esta coyuntura específica, no puede resultar más que una burla siniestra, porque... yo me pregunto: ¿qué comunicador que se precie de tal puede en el día de la Memoria perder de esa manera la memoria...? No, no nos engañemos, no es que pierda la memoria: el supuesto "olvido" de este supuesto comunicador no es en estos momentos para nada casual. En un tiempo en que los responsables de los más horrorosos crímenes de lesa humanidad están siendo juzgados y encarcelados, en momentos en que las Abuelas están recuperando nietos que se muestran felices por saber quiénes son, en momentos en que las mismas Abuelas continúan su lucha contra un sistema judicial que, aliado a los grupos económicos, les niega el derecho a saber quiénes son sus nietos, en tiempos como éstos, digo, no es para nada casual que salgan a la luz estos supuestos "deslices del olvido".
Porque la verdad es que la Memoria les duele y les duele porque es la única capaz de poner en evidencia la contradicción y el abuso, el ocultamiento y la mentira, la desinformación y la cretinidad... Para quienes tenemos Memoria, para quienes no vamos a dejar que nos la "desaparezcan" ni un periodista ni una radio, ni la dueña de una radio, ni el carnicero de la esquina, fechas como ésta representan un verdadero desafío a nuestra inteligencia y a nuestra creatividad.
Por eso y contra los que simulan olvidos, hoy, como les decía, la presentación del libro de poemas de Graciela Pernas Martino en el Colegio Nacional de La Plata fue un verdadero acto de memoria. Y cuando hablo de "verdadero acto de memoria" lo estoy oponiendo a otros supuestos actos de memoria que no hacen más que hacer crecer a pasos agigantados el olvido y la indiferencia y que formulan un pasado muerto, tal vez heroico, pero muerto al fin, obturado, sellado, que se recuerda porque es políticamente correcto recordar, porque se debe recordar. Quien obliga a la memoria provoca la más siniestras de las formas del olvido porque vuelve museo o convierte en monumento un hecho que fue esencialmente presente vivo, lo que hace es momificar el pasado, invisibilizarlo, borrarlo, volverlo rutina, dictado, lección: ¿qué más invisible que el Himno obligado en un acto escolar? ¿Qué más invisible que un acto escolar?
Con Pájaros rojos, en cambio, Graciela se presentó hoy en el Colegio Nacional de La Plata para devolvernos la memoria, la memoria de un pasado en todo su presente, la memoria del instante en que la voz que habla en estos textos ama, sufre, canta o reclama justicia, se angustia y tiene miedo, susurra, habla fuerte o grita a todo pulmón ... No es más que una voz en la que cualquiera de nosotros, en la que cualquiera de los adolescentes que estaban hoy presentes en ese salón de actos, puede reconocerse. ¿Cuántos de ellos escribirán poemas o cuentos o encontrarán en el dibujo o la pintura, en la escultura o en la música el modo de buscar y de encontrar su lugar en el mundo? Claro, no guardarán sus creaciones en una pequeña caja como Graciela, las guardarán en archivos de computadora o en blogs o en alguna nota de Facebook... Es cierto, los modos de producción y de almacenamiento han cambiado desde los tiempos de Graciela, pero lo que no ha cambiado, lo que de ninguna manera ha cambiado es la necesidad de expresarnos a través del arte. Y el arte es un lugar privilegiado para reconstruir la Memoria porque el arte nos mueve y nos conmueve, nos une y nos reúne y nos hace partícipes de un texto que aún no se acaba, que está en permanente construcción y en permanente presente, en constante proyección hacia ese futuro que comenzó hace tiempo ya.
Ahora que es tan fácil hablar de "violencia", ahora que se dice que es "violento" extraer de una vivienda un peine o un cepillo de dientes para saber la verdad, en que se ha banalizado la significación de esa palabra de manera tal que resulta "violento" obligar a un ser humano a conocer su identidad, los poemas de Graciela vienen a recordarnos la verdadera violencia, la de las vidas jóvenes cercenadas a golpes de picanas, la de los animales que se la llevaron a patadas, con toda la prepotencia de su ignorancia y de sus armas, un día de octubre de 1976.
Graciela tenía apenas 20 años.
Pasado mañana se cumplen 34 años del golpe cívico- militar más sangriento de la historia argentina. Que no sea una efemérides más del calendario escolar. Recordemos lo que somos capaces de recordar y traigamos nuestros recuerdos al día de hoy, porque el pasado ilumina nuestra mirada sobre el presente, y lo que seamos capaces de ver hoy será nuestro recuerdo de mañana. Que nadie nos diga qué debemos recordar ni qué debemos mirar. Miremos desde la razón y desde la memoria. Comprometámonos con ella. Resignifiquémosla.
Hagamos pues: Memoria.
Hasta la próxima.

domingo, 7 de marzo de 2010

Mujeres y lenguaje

Siempre me resultó problemático el 8 de marzo como el "Día internacional de la mujer". Por un lado, conmemora una masacre histórica de mujeres obreras y constituye un reconocimiento de la explotación y discriminación que el género femenino sufrió y sigue sufriendo desde siglos a lo largo y a lo ancho de todo el planeta; por el otro, en ese "reconocimiento" que se ha instaurado socialmente y tiene la misma importancia que el "día del amigo" o el tilingo e importado "día de los enamorados", una puede presentir el gesto paternalista del "macho" que te palmea el hombro y te dice desde su alta tarima: "Feliz día, muñeca".
Una vez más... las palabras y las cosas...

Por este tipo de paradojas, las mujeres tenemos con el lenguaje heredado una relación problemática que ha sido objeto de discusiones teóricas en todos los ámbitos de la cultura occidental(*).
Hay, muy (pero muy, tanto que me da vergüenza plantearlo de este modo) resumidamente, dos maneras de pensar la relación entre el lenguaje y el mundo. Podemos pensar que las palabras son re-presentaciones de las cosas o que las palabras son las cosas (En las letras de rosa está la rosa / Y todo el Nilo en la palabra Nilo). En la primera de las posibilidades el lenguaje no es más que un mero instrumento de comunicación, de nominación del mundo; en la segunda, el lenguaje es cuerpo y es memoria, es política y es identidad. Por eso, a la hora de pensarnos como sujetos del lenguaje y no como meros objetos, las mujeres nos encontramos frente a la paradoja de construir nuestra identidad en la tensión entre la necesidad de decir y la imposibilidad de hacerlo desde una palabra dictada que se siente como extranjera, como ajena al propio decir.
Este cuestionamiento profundo a los cimientos del lenguaje (que, desde otro lugar han cuestionado también las vanguardias de principios del siglo pasado como el creacionismo y el dadaísmo) es un debate que, a pesar del tiempo transcurrido, aún sigue dando que hablar: ¿Existe una percepción femenina diferente del modo de percepción masculino? ¿Esa diferencia de percepción determina de algún modo una "manera de decir femenina" que se diferenciaría del "modo de decir masculino"? Y es que a la hora de enfrentarnos al lenguaje heredado y, a través de él, a toda una cultura construida a través de siglos y siglos de dominación masculina, las mujeres sentimos que el lenguaje tal como nos atraviesa desde siglos, ya no nos dice, pero tampoco podemos ni sabemos cómo desprendernos de él. Y es por eso que nuestra identidad se construye en esa tensión permanente entre el decir y el no decir, entre el lenguaje y el silencio, entre la escritura y la página en blanco...
Una vieja consigna feminista de los setenta, "Alicia ya no", se constituyó en bandera de la lucha de género en honor a la película de Martin Scorsese Alicia ya no vive aquí (1974), en que una joven mujer salía al mundo con su hijo en busca de su identidad. Hoy, desde la problemática de género, las mujeres sabemos que "ya no" somos eso que la cultura construyó acerca de nosotras (Ya no somos las "muñecas" del "feliz día") pero también tenemos plena conciencia de que "todavía tampoco" sabemos muy bien qué somos ni encontramos cómo decirnos: nuestra identidad quizás se construye en la búsqueda, en ese límite entre el "ya no" y el "todavía tampoco".

Hay mucho por hacer, mucho por pensar, pero al menos ya hace tiempo que nos hemos dado cuenta. En ese "darse cuenta" está la clave para seguir sumando y seguir pensándonos desde nuestra percepción y nuestra concepción del mundo que no es (no tiene por qué ser) igual a la forma de percibir el mundo masculina. Construyamos nuestra identidad pues, no desde una engañosa igualdad de géneros, sino desde las diferencias: esa construcción nos permitirá valorar lo que somos por lo que hacemos y entender por qué debemos seguir exigiendo (ahora sí) la igualdad de derechos y obligaciones en todos los ámbitos de la cultura.
Los modos en que las mujeres han logrado sortear la prohibición y la censura a lo largo de los siglos cuenta con miles de maravillosos ejemplos que sería imposible detallar en este espacio. Como prueba de ello, mi homenaje en palabras de Galeano a una de las más creativas, tristes y poéticas de la batalla universal:

"Los pies de Yang Huani habían sido atrofiados en la infancia. A los tumbos caminó su vida. Murió en el otoño del 2004 cuando estaba por cumplir un siglo. Ella era la última conocedora del Nushu, el lenguaje secreto de las mujeres chinas. Este código femenino venía de tiempos antiguos. Expulsadas del idioma masculino que ellas no habían podido escribir, habían fundado su propio idioma, clandestino, prohibido a los hombres. Nacidas para ser analfabetas, habían inventado su propio alfabeto hecho de signos que simulaban ser adornos y eran indescifrables para los ojos de sus amos. Las mujeres dibujaban sus palabras en ropas y abanicos. Las manos que los bordaban no eran libres. Los signos, sí.”
Eduardo Galeano

Ahora sí: Feliz día para las mujeres y para los hombres que aman verdaderamente a las mujeres.
Hasta la próxima.

(*) La problemática oriental en cuestiones de género como las de otros tipos de sexualidades (homosexualidad, travestismo, transformismo, etc) son cuestiones pendientes aún en el debate teórico.

viernes, 19 de febrero de 2010

"Negro de mierda": La visión humillante del humillado

“… la injuria es un género donde la palabra toma el cuerpo. Mirar con el ojo bizco, el ojo injuriado, es una concepción erdosiana del mundo, la visión humillante del humillado.”
Luis Gusmán.
"Yo soy rubia por fuera y por dentro”
Mirtha Legrand


Pepito está enojado porque su jefe no está cumpliendo con su deber y guarda un vergonzoso silencio ante la grave situación que se ha desencadenado en la empresa. Por lo tanto, Pepito se decide a encararlo para manifestarle de una vez por todas su cobarde ineficiencia para afrontar un conflicto de semejante magnitud. Es cierto que Pepito es un moreno calentón y que, cuando está enojado, no tiene los mejores modales. Es cierto que hace rato que viene acumulando decires que no ha dicho porque, en el fondo, lo quiere al jefe, han sido compañeros mucho tiempo, incluso hasta han llegado a ser amigos. Claro, nunca había surgido un conflicto de ese tenor en la empresa y, por lo tanto, nunca se había puesto a prueba la lealtad de nadie. Lo cierto es que Pepito, aunque no utiliza ninguna injuria de esas que veríamos como “groseras” contra su jefe, sí le reclama a los gritos y delante de mucha gente, una actitud conforme a su puesto y a las necesidades de su departamento. El jefe comienza a insultarlo de arriba abajo y entonces Pepito que es muy racional y tal vez por eso mucho más hiriente, en un tono que no pasa del que usaríamos en una charla de café, contesta a los insultos del jefe con un monocorde y repetido “ineficiente”:
—Ineficiente.
—x/?¡!xq!!¡¡
—Ineficiente.
—La p q t p!! h de p!! xq!!?¡!
—Ineficiente.
Pepito es consciente del fastidio que provoca en su "superior", sobre todo cuando el jefe, desbordado y absolutamente fuera de sí (la culpa suele ser un terrible enemigo en las discusiones) le espeta, ante los ojos y oídos admirados de todos sus compañeros de trabajo, el fácil y siempre útil insulto “negro de mierda”:
— Vos callate, negro de mierda con tu política de mierda.

La anécdota es significativa y pone en escena dos problemas que en muchas ocasiones van de la mano. Por un lado, la pregunta es si la expresión “negro de mierda”, cuyo uso se ha instaurado en nuestro país como un “insulto” es efectivamente un “insulto” o no es otra cosa que una forma naturalizada -y por lo tanto invisible- de discriminación racista. Por otro lado, dibuja una concepción cada vez más instalada en la sociedad de la política como algo malo. Tanto el “insulto” como esa engañosa concepción de la política tienen un mismo y único origen: el miedo a lo diferente, a lo desconocido y, sobre todo, el terror de ver en el otro el propio espejo.
El que “hace política” en su lugar de trabajo es el que, de algún modo, exige lo que le corresponde, el que no acepta más responsabilidades por la misma plata y pelea por su salario. Ese tipo nos muestra lo que no somos y sobre todo nos muestra nuestros propios y ancestrales terrores: terror a perder el trabajo, terror a enemistarnos con quienes están “por encima” de nosotros, terror a no poder terminar de pagar las cuotas del autito que nos lleva al infierno cada uno de los días de nuestra vida… Es el miedo que heredamos de nuestros antepasados que sufrieron las dos grandes guerras en Europa y que vivimos en carne propia con la última dictadura militar cuando más de 30.000 personas que hicieron política fueron secuestradas, torturadas y continúan hoy, desaparecidas. Este miedo, inconscientemente, se traduce en rechazo, desprecio, injuria y humillación, es esa visión humillante del humillado de la que habla Gusmán y que Roberto Arlt ha representado de manera tan significativa en sus cuentos y en sus novelas. Pero éste, tal vez, sea tema para desarrollar en otra entrada…
Concentrémonos por ahora en la supuesta injuria "negro de mierda": Como expresión, tiene su origen en la década del cuarenta, cuando se da en el país un desarrollo industrial acelerado que se concentra especialmente en Buenos Aires (pero también en Córdoba y en Rosario) y que genera una masiva migración interna: mucha gente del interior llega a la capital en busca de trabajo. Estos grupos migratorios no tienen físicamente las mismas características de los grupos que llegaban de Europa. Los nuevos migrantes son morenos, mestizos, mulatos, muchos descendientes de nuestros exterminados pueblos originarios y eso molesta a ciertos miembros de nuestra “europea” capital que ven teñirse de “oscuro” el paisaje citadino. Por lo tanto, ya desde su origen, “negro de mierda” es una expresión con una carga absolutamente despectiva y asociada a las características físicas de las personas como su color de piel o su color de cabello. Sin embargo, con el tiempo, esta expresión ha derivado en un “insulto” que designa a toda persona que se comporte de modo reprochable y, por lo tanto, el “ser negro” es igual a “ser basura”. Si además tenemos en cuenta el complemento que acompaña al “ser negro” casi como un apellido (“de mierda”) la equivalencia está completa.
Hay quienes se defienden de la acusación de “racismo” alegando que con “negro de mierda” no se refieren al color de piel sino al alma, y entonces creen que hacen algo distinto de lo que dicen. Sin embargo, en realidad, no han hecho otra cosa que convertir lo literal en simbólico, es decir, ahora la “negritud” es asociada a lo malo de manera mucho más efectiva porque, cuando lo literal se transforma en símbolo, significa que ha habido un proceso de aceptación extendido en el uso de la expresión, de modo que su utilización se da sin que medie la razón, sin que medie la posibilidad de elegir entre una expresión y otra y, por lo tanto, estamos ante un fenómeno de falsa conciencia cada vez más difícil de desmontar. Y además, convengamos que a ninguno de quienes dicen referirse exclusivamente al “alma negra” de las personas, se le ocurriría usar esta “injuria” contra un rubio bien vestido, con una billetera gorda y un tatuaje en el cuello.
Y es que el racismo es eso: tiritar de miedo, morirse de terror y enfundarse en una máscara de soberbia y superioridad para ocultarlo. Y es, además, el terror ante la inquietante posibilidad de estar del otro lado: ¿O acaso no somos nosotros, los que "insultamos" al de al lado con un "cabeza", "villero", "bolita", "paragua", "brazuca", "negro de mierda"..., los mismos que somos "insultados" en el exterior como "latinos de mierda" en Estados Unidos o "sudakas de mierda" en Europa? ¿No tenemos todos, acaso, el mismo apellido?
Por otro lado, tampoco es casual que el “insulto” haya proliferado especialmente en los ciudadanos de clase media, quienes intentamos una y otra vez separarnos de aquellos a quienes no nos queremos parecer a pesar de que compartimos con ellos un común denominador: la humillación de las clases altas. Alguien dijo alguna vez que la clase media era la "puta" del sistema porque no tiene la dignidad del pobre ni el dinero de los ricos y entonces, no hace otra cosa que venderse siempre al mejor postor. Yo no creo que las putas se merezcan esta analogía, lo que sí creo es que en su afán de parecerse a las clases altas, la clase media es capaz de apoyar a sus propios explotadores (llámese Sociedad Rural, Patria financiera, Ejército o patrón) —eso sí, con rubios cacerolazos, nada de salir con negros bombos— sólo para negar su condición de humillados y vivir en la ficción de pertenecer a una elite a la que jamás podrán acceder. Por eso, en los tiempos en que se hablaba permanentemente de la desaparición de la clase media y de su probable caída hacia “abajo” nos hemos visto obligados, como los humillados de Arlt, a injuriar con nuestro ojo bizco a aquellos de los que siempre quisimos separarnos: otros humillados como nosotros que nos muestran un espejo en el que no nos queremos mirar: los “negros de mierda”, los “villeros”, los “cabeza” que están más cerca de nosotros de lo que apenas nos permitimos darnos cuenta.
Para finalizar, quiero decirles que si vamos a decidir usar el “insulto” es bueno que lo hagamos habiendo reflexionado un poco sobre su origen y desarrollo para saber desde dónde y por qué lo estamos usando. Después de todo, de eso se trata: de ser cada vez más conscientes, de que seamos nosotros los usuarios del idioma y no los usados por él, para que no dejemos que el lenguaje nos siga atravesando la mayoría de las veces como si no fuéramos más que meros coladores de cocina.
Les dejo este enlace de Micky Vainilla, el extraordinario personaje de Diego Capusotto, que denuncia y pone en evidencia a través de la exageración y de la mezcla, de la parodia y la inversión, esas actitudes de todos los días que pasan inadvertidas para muchos de nosotros. Nada mejor que el humor para hacernos reflexionar acerca de quiénes somos.

Hasta la próxima.

viernes, 29 de enero de 2010

Criatura de la noche: el otro, el mismo...

Las películas que me conmueven, conmueven mis emociones, sí; pero, por sobre todas las cosas, conmueven mi inteligencia. Contra esa publicidad estúpida que muestra a una rubia estúpida llorando por una película estúpida, propongo la mirada atenta y la emoción intransferible que sólo podemos sentir frente al hecho estético.
Criatura de la noche (Tomas Alfredson, Suecia, 2008) es el pésimo título con que la conocimos acá, infinitamente inferior a su original en sueco (Låt den rätte komma in) o a su traducción al inglés: Let the Rigth One in, algo así como “Deja al correcto entrar”. Como sea y tratando de no caer en reduccionismos absurdos, Criatura de la noche es una historia de amor, no de las que hacen llorar a la rubia estúpida, sino de las que emocionan porque por sobre todas las cosas son una historia de amor al arte.
A mí me pasa que cuando un buen libro me conmueve, me pide a gritos el lápiz que lo marcará y lo volverá, de algún modo, mío. Toda buena lectura, ¿por qué no? es un poco vampírica para ir entrando en tema. Es como si uno necesitara guardar ese instante y grabar esa conversación que, a veces, es discusión y otras, encuentro… Lo cierto es que con el cine uno no puede andar marcando las películas como se marca un libro. Por eso, la mejor manera que yo encuentro de entrar en ellas es la escritura (acto vampírico por excelencia), una escritura que resuma de algún modo las notas que haríamos en el margen de la página, si las películas tuvieran páginas... Algo así como la inscripción de una mirada, de una mirada atenta pero también cercana a la emoción. Sí, sí, ya sé, hay que evitar la empatía y ser riguroso en el análisis... Me pregunto si lo uno está tan lejos de lo otro: ¿acaso no analizamos cuando recreamos y no recreamos cuando analizamos?
Lo importante para mí es que escribir me permite conversar con los textos y apropiarme de ellos aunque sea en ese breve instante de escritura. Y si además, hay otros que miran y leen, todo es eslabón y cadena y, entonces, la conversación vuelve a empezar…
De eso se trata.
Esta es mi conversación con Criatura de la noche de Tomas Alfredson:




Supe que mi tiempo se acababa apenas lo vi, rubio como la nieve rubia del patio: “¿Puedes hacer algo por mí? ¿Podrías no ver a ese chico esta noche, por favor?", le pedí, le rogué casi… Ella pasó su dedo oscuro por mi rostro seco y yo cerré los ojos mientras la sentía entero por última vez.
También yo le pregunté una vez quién era ella cuando todavía me resistía a dejarla pasar.
“Soy alguien como vos”, dijo en su adolescencia eterna que era el principio de la mía… “¿Qué querés decir?”, le pregunté, “Yo no mato gente”. “Pero te gustaría si pudieras, para vengarte, ¿no es así? Yo lo hago porque tengo que hacerlo”. Y porque vos y yo no somos más que la misma cara de este espejo revertido, podría haber dicho si yo hubiera sido entonces capaz de entender…
Y la dejé entrar sabiendo que yo no entraría en ella jamás… sexo cosido/ cicatriz que dibuja la grieta que no será.
Así fue, así ha sido siempre para mí y así será a partir de ahora para Oskar, rubio nieve, cadena eslabón que comienza a amarla como la hemos amado tantos antes que él… y como la seguirán amando otros, los mismos, los elegidos por Eli para que la dejen entrar.
Porque en Eli nos miramos… ¿no, Oskar? y aunque rubios, fuimos morenos; y aunque niños, fuimos vampiros; y aunque carne, fuimos cuchillo, rojo banquete, rito iniciático, beso de sangre en la boca impura.
Y las zapatillas bailando al pie de la piscina… ¡y son tres minutos debajo del agua! Cerremos los ojos, Oskar, que el fuera de campo nos evite el destrozo del después... Nadie quiere ver lo que no quiere ver…
Cómplices para siempre de una venganza repetida, mataremos por ella, Oskar, por ella nos borraremos con ácido el rostro ajado que no pudo quedarse en los doce… y por ella nos abriremos con los dedos la carne en el beso final…
Yo lo supe, Oskar, y vos lo sabrás… Sabrás que tu tiempo se acaba apenas lo veas, rubio como la nieve rubia del patio…

martes, 19 de enero de 2010

Estar en ESOS días

Los eufemismos son, en general, una defensa del hablante del idioma contra lo que molesta, lo que duele o lo que es, de alguna manera, vergonzante. Así, en lugar de “muerte”, hablamos de “viaje eterno” o "el último viaje"; en lugar de “tener sexo”, decimos “hacer el amor” o, en el mejor de los casos, "hacer la cochinada o la chanchada". Mi abuela, para no decir que alguien se desnudaba, decía que “mostraba sus vergüenzas”. Debo reconocer que esta última no deja de ser de las más creativas a pesar de su fuerza conservadora y de su origen profundamente religioso.
En este sentido, las mujeres hemos crecido sin poder nombrar la menstruación y, lo que es peor, sintiendo permanentemente vergüenza por ser mujeres y tener que “sufrir” ese “castigo” que cargamos a lo largo de la vida como si fuera una cruz. Así, vivimos escondiéndonos "en esos días", buscando permanentemente metáforas y eufemismos para referirnos a algo que debería ser tan natural y tan familiar para todo el mundo como lavarse los dientes cuando nos levantamos a la mañana.
Analicemos algunos de estos eufemismos:
1. “Vino Andrés, el que viene una vez por mes*: Patético ya desde su enunciación con rima: no sólo nuestra menstruación no está en nuestro cuerpo (es una visita) sino que, además, es una visita masculina. Desterritorialización, ajenidad, mala poesía…
2. “Estar indispuesta”: ¿Indispuesta para qué? Todo el mundo sabe que estar con la menstruación no “indispone” a nadie para absolutamente nada. Ya pasaron a la historia las épocas en que una mujer no podía bañarse porque se le “cortaba” la menstruación como si nuestros fluidos fueran mayonesa o crema chantilly. Entonces, no sólo nos creíamos enfermas sino que, además, andábamos incomodísimas y oliendo horrible con el pelo engrasado y atado con una colita ya que no lo podíamos lavar por, al menos, los cinco días que duraba la “indisposición”. Recuerdo por mi parte, a mamá diciéndome que no, que no, que no… que “en esos días” había que bañarse todavía más porque, no la sangre en sí misma, sino el contacto de la sangre con el exterior, olía mal y entonces teníamos que estar más limpias que nunca. Además, con los maravillosos tampones hemos ingresado “indispuestas” a la pileta o al mar y con las increíbles toallas con gel súper absorbentes, hemos vuelto a usar polleras cortas, pantalones ajustados e, incluso, blancos cuando estábamos “indispuestas”
3. “La “sangre” azul de las publicidades de toallas femeninas”: ¿Qué mayor eufemismo que éste, tan visual, tan aséptico, tan ideológico en definitiva? ¿Por qué el azul “vende” más que el rojo? Después de todo, en las películas cuando matan gente, ¿tiñen la sangre de azul? En el único contexto en que la sangre deja de ser roja para volverse azul (a excepción del símbolo por linaje aristocrático) es en las publicidades de toallas femeninas.
4. “Estar en ESOS días”: Lo que molesta es el pronombre, clase de palabra que, como todos sabemos, no tiene significación propia y, por lo tanto, adquiere su sentido a partir del contexto, de la situación comunicativa en la que se produce. Analicemos algunas de las situaciones comunicativas en la que puede darse semejante alocución:
Situación 1: La mujer se pone nerviosa porque su marido anda en calzones dando vueltas por la casa mientras su hija y las amigas de su hija están tomando mate en el jardín: "Querés hacerme el favor de ponerte un pantalón?... Y él: “¿Qué pasa? ¿No soy dueño de andar en pelotas en mi propia casa?" "Es que es una casa en la que viven más personas además de vos, ¡vestite de una vez por todas que das vergüenza!", "¿Qué? ¿Estás en ESOS días vos que andás tan exquisita?"
Situación 2: La vieja vecina de al lado nos tira la yerba del mate o el aceite usado a través de la medianera a nuestro jardín. Ya le hemos pedido de muchas formas que no lo hiciera más, explicándole minuciosamente los problemas que nos ocasiona. Finalmente, cuando todo se ha vuelto infructuoso: “Señora, si no tira sus desperdicios donde corresponde, le voy a hacer una denuncia en la comisaría. Su aceite hirviendo le produjo quemaduras de primer grado a mi perra y no me interesa tener una montaña decorativa de yerba usada en mi jardín. ¿Cómo mierda se lo tengo que explicar?” Ella, sumamente sorprendida: “Querida… ¿Estás en ESOS días? Te puedo ofrecer un alplax si estás molesta por tu trastorno hormonal."
Situación 3: Vamos tranquilamente por la autopista, por la derecha como corresponde, con nuestro viejo Duna que no va a más de 90 km por hora… Un enano añoso con una 4x4 enorme nos toca bocina insistentemente para que nos apuremos porque le resulta imposible pasarnos por la izquierda. Lo miramos por el espejo y le hacemos el gesto que se merece. Cuando finalmente logra pasarnos nos dice el enano: “¿Qué te pasa, mamita, estás en ESOS días que estás tan nerviosita?” (nótese el uso del diminutivo, estrategia típica de los enanos añosos con 4x4 para empequeñecer a los demás de modo de verse un poco más "grandecitos" ellos)
Ahora, volvamos al pronombre: ¿Qué significa “ESOS” en la alocución “estar en ESOS días”? ESOS días son esos en los que las mujeres estamos LOCAS, porque nuestro “trastorno” hormonal nos vuelve “violentas” y es propio del género femenino guiarse por las hormonas y no por las tan masculinas neuronas. Es decir, las mujeres no tenemos derecho a tener una reacción exaltada porque no es adecuada supuestamente para nuestro frágil segundo sexo. Quienes, de chicas, nos la pasábamos en la dirección del colegio en los dichosos años de escuela primaria, recordaremos la famosa frase de la vieja directora: “Qué vergüenza, una nena”…
La manera, entonces, en que mostramos y nombramos (cuando no la escondemos o la silenciamos) la menstruación es representativa del modo en que nos miramos a nosotras mismas y el modo en que permitimos que los demás nos vean. Ese modo, transmitido por las propias mujeres de generación en generación, ha hecho que creciéramos con vergüenza y asco por nuestra propia sangre y por nuestra propia feminidad. Esto no sólo nos ha afectado a las mujeres: los hombres han crecido apartados e ignorantes del tema, confundiendo un proceso biológico natural con algo oscuro, cuando no temido, a lo que ellos, varones, no pueden acceder.
Para terminar, podríamos detenernos a pensar qué fue primero si el huevo o la gallina, qué fue primero si la conciencia o el lenguaje: ¿Se puede pensar sin lenguaje?, ¿es tan inocente el uso que nos imponen de las palabras y su relación con las cosas?, ¿no debemos pensar al lenguaje como uno de los instrumentos más represivos y deformadores de conciencia si no lo transgredimos, si no lo pensamos, si no lo colocamos para su análisis en una metódica mesa de disección?


*En Méjico: Pepe Flores (Gracias a Nati que, memoriosa como siempre, recordó esa escena de Pedro Páramo en que, si no me equivoco, es Eduviges (¿o Dolores?) quien llama a la menstruación de este modo.)

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